sábado, 31 de diciembre de 2011

Egipto :Ellas tienen voz








“Libertad, libertad, libertad!”. Las voces femeninas se alzaron sobre la de los hombres en la plaza Tahrir del Cairo, Egipto para protestar contra la agresión brutal y el desnudamiento de una manifestante en la plaza Tahrir, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. “Ella es solo un símbolo de lo que lo militares hacen con los manifestantes y con las mujeres que acudimos a protestar, especialmente”, señaló en la marcha Dina, una piloto en paro que ha pasado el último mes acampando frente al Parlamento, hasta que la desalojaron “a golpes”. “Me han insultado, me han dicho que me iban a violar y que si quería salvar mi vida era mejor que me fuera casa”, explicaba la mujer de 27 años.


Muchas de las mujeres detenidas confesaron que fueron abusadas; que les hicieron tests de virginidad, fueron azotadas, expuestas a shocks eléctricos y desnudadas y fotografiadas. Un general no nombrado fue citado por CNN defendiendo esos eventos, diciendo que esas chicas “no eran como tus hijas o las mías. No queríamos que ellas dijeran que las abusamos sexualmente o violamos, así que lo primero que hicimos era probar que no eran vírgenes”. El oficial militar negó sus comentarios.


Activistas dicen que esos abusos a las mujeres eran empleados por las fuerzas de seguridad de Mubarak cuando los protestantes primero tomaron las calles contra su poder en 2005.


“Lo que se evidenció es lo mínimo de lo que el consejo militar hace con las mujeres”, dijo Yasmine Hamdoon, una diseñadora de 32 años, y agregó que las mujeres protestantes han estado en la calle desde el principio y no piensan irse a casa.


 29/12/2011-Ellas tienen voz - Agencias Agencia

viernes, 30 de diciembre de 2011

""La mujer no puede liberarse bajo ninguna religión"

NAWAL EL SAADAWI Feminista, psiquiatra, escritora y activista egipcia
GEORGINA HIGUERAS Madrid 07/03/2011




Tiene 79 años y una actividad alucinante. La entrevista se realiza por teléfono durante su viaje a Oslo la semana pasada. Ahora se encuentra Nueva York y el próximo día 26 llega a España para participar en las jornadas de Mujeres en Segovia. Nawal el Saadawi es la principal feminista árabe y la primera en denunciar la castración de las mujeres. Sus críticas acerbas a las leyes y a la interpretación del islam que institucionalizaban el patriarcado represivo que impedía crecer a las mujeres la llevaron a perder todos sus puestos en la sanidad pública de su país, a la cárcel y posteriormente al exilio. Hoy, tras participar en las revueltas de la plaza de Tahrir, que acabaron con 30 años de dictadura de Hosni Mubarak , se siente más esperanzada que nunca: "Es el momento de la mujer egipcia", dice feliz.

Pregunta. ¿Qué significado tiene la revolución de Tahrir para la mujer?

Respuesta. Muchísimo. Por primera vez, las mujeres y los hombres de Egipto han sido iguales. Mujeres de todas las edades y clases estuvieron en la plaza de Tahrir, incluso madres con niños de pecho durmieron en la plaza.

P. ¿Usted fue a la plaza?

R. Por supuesto. Desde el principio; muchos días. Ahora estaré unas semanas fuera de Egipto, pero cuando regrese volveré a Tahrir todas las veces que sea necesario hasta que ganemos.

P. ¿Qué espera en concreto?

R. Deberían de habernos incluido en el comité para la reforma de la Constitución. Nombraron a ocho hombres y ninguna mujer, por ello estamos organizando una marcha de un millón de mujeres para el martes (hoy) en El Cairo y confiamos en recibir el apoyo de las mujeres en España.

P. ¿Cuál es la consigna de la marcha?

R. Que todos los comités e instituciones del nuevo Egipto deben de contar con mujeres. Se ha acabado eso de que solo sean hombres los que deciden.

P. ¿Teme que después de la revolución todo quede igual que antes?

R. No, ya hemos conseguido que caiga Mubarak y algunos de sus hombres, pero el problema de las mujeres es crónico y está enraizado en el patriarcado y la religión. Por eso pedimos una Constitución secular, un código familiar secular y un Estado secular separado de la religión. Las mujeres han muerto en Tahrir igual que los hombres y tienen que tenernos en cuenta.

P. ¿Está de acuerdo con las reformas constitucionales que ha hecho ese comité, que deberán votarse el próximo día 19?

R. Era un comité muy tradicional. Solo ha hecho pequeños cambios. Nuestra marcha es para exigir el cambio radical que las egipcias necesitan.

P. ¿No será contraproducente exigir tanto?

R. No vamos a aceptar la discriminación otra vez después de haber participado en la revolución. Tenemos que rebelarnos y luchar por nuestros derechos. No tenemos miedo de perder nada, porque no tenemos nada excepto nuestra alma.

P. ¿Por qué estalló la revolución?

R. Por acumulación de la opresión y de la corrupción. El régimen era tan corrupto que se hizo insoportable.

P. ¿Qué papel desempeñó la mujer?

R. Todos, incluida la muerte. Estuvimos allí desde el principio, dispuestas a todo y sin diferencias con los hombres.

P. ¿Esperaba algo así?

R. Soñé con esto desde que tenía 10 años, lo que quiere decir que llevaba 70 años esperando. No me sorprendió porque llevaba toda la vida luchando por ello, pero la irrupción fue sorprendente. Estoy feliz de haber llegado viva a la revolución.

P. ¿Pensaba que las egipcias serían tan activas?

R. A mi casa vienen muchos jóvenes, hombres y mujeres, a los que interesan mis libros; progresistas con los que debato distintos temas, pero ninguno creíamos que millones de egipcios tomarían las calles. Son más de seis millones los que en un momento u otro han estado en Tahrir.

P. ¿Piensa que esto es el despertar de la mujer egipcia?

R. Si, de las mujeres y de los hombres porque no podemos separar a unas de otros. La mujer no puede liberarse si el hombre no está liberado, de la misma forma en que el hombre no se puede liberar sin que la mujer se libere y todos necesitan un país libre.

P. ¿Cómo está organizando la Marcha del Millón de Mujeres?

R. En realidad la idea partió de un grupo de hombres jóvenes y progresistas, que tienen acceso a twitter, facebook y otras redes sociales. Se organizó en mi casa. Somos un grupo en el que trabajamos hombres y mujeres.

P. ¿Volverá a El Cairo para la manifestación?

R. No, no soy indispensable. Tenemos un liderazgo colectivo y son especialmente los jóvenes los que deben de encabezar la marcha. Yo voy detrás, soy su respaldo. Dicen que soy la madrina, la madre espiritual de la revolución.

P. ¿Cuál es la situación de la mujer egipcia en la actualidad?

R. Hay mucha discriminación. Todavía tenemos poligamia y queremos abolirla, además el hombre puede divorciarse sin que se tenga en cuenta para nada a la esposa.

P. ¿La Constitución respalda la poligamia?

R. Sí, porque dice que el Código Familiar no puede contradecir la sharia (ley islámica) y la sharia permite la poligamia. Egipto tiene uno de los códigos familiares más atrasados del mundo árabe.

P. ¿Por eso quería que hubiese mujeres en el comité para la reforma constitucional?

R. Claro. Mujeres y hombres jóvenes porque pusieron a hombres tradicionales y religiosos. Tendrían que haber sido hombres y mujeres seculares.

P. ¿Considera que la elaboración de una nueva Constitución será el principal logro de la revolución?

R. Sí. Si tenemos una Constitución radicalmente secular y hombres y mujeres, cristianos y musulmanes son iguales será una gran contribución frente al Estado tradicional. El secularismo es fundamental para una democracia auténtica. En los cambios realizados estos días han seguido manteniendo que Artículo 2 que dice que el islam es la religión de Egipto y eso debe de desaparecer.

P. ¿Cree que la discriminación tiene un origen religioso?

R. Sí. La religión es una ideología política y tenemos que separar religión y política. La mujer no puede liberarse bajo ninguna religión, ni cristianismo, ni judaísmo ni islamismo, porque las mujeres son inferiores en todas las religiones.

P. ¿No le parece que este argumento es demasiado radical para Egipto?

R. No. Cuando estaba en Tahrir me encontré a mucha gente que lo compartía. Muchos jóvenes progresistas, incluidos muchos hombres de la nueva generación de los Hermanos Musulmanes.

P. ¿Teme que el nuevo Egipto pueda quedar bajo el control de los Hermanos Musulmanes?

R. No. Tengo miedo de Estados Unidos e Israel porque ellos serán los que traigan a los Hermanos Musulmanes. Estuve en Irán al principio de la revolución de 1979. La revolución iraní al principio fue secular y socialista pero EEUU se sintió amenazado por una revolución socialista e impulsó su aborto. Jomeini llegó a Irán de la mano de Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Ellos preferían una revolución religiosa antes que una socialista. El socialismo es el auténtico enemigo del capitalismo. En Egipto ha sucedido igual; de repente llevaron a Tahrir a un respetado clérigo (Yusef el Karadawi, de 84 años y exiliado en Catar) para que hablara en la plaza. Nosotros estamos en contra de esto, pero no tememos a los Hermanos Musulmanes porque son una minoría.

P. ¿Qué le pediría al nuevo Gobierno?

R. Lograr la destitución de Ahmed Shafik (nombrado primer ministro en los últimos días de Mubarak) también ha sido un logro de Tahrir. Confiamos en que el nuevo jefe de Gobierno Essam Sharaf apoye la creación de un consejo presidencial formado por hombres y mujeres honestos que, de forma transitoria, ejerza el poder que ahora tienen los militares y que sin prisa -porque hace falta que se formen los nuevos partidos- organice unas elecciones libres y la redacción de una nueva Constitución secular.

P. ¿Confía en la voluntad democratizadora del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que ahora dirige Egipto?

R. No es una cuestión de confianza sino de poder. Si los manifestantes se van ahora a sus casas y el pueblo no vuelve a hablar, los militares harán lo mismo que el régimen de Mubarak. Si el poder no ejerce su poder, sin no hay un Parlamento al que rendir cuentas, Egipto y en cualquier otro país del mundo caerá en una dictadura. El pueblo que ejercer su poder. Si los militares no cumplen los compromisos adquiridos con el pueblo, volveremos a Tahrir. Esto es una revolución.

P. ¿Y usted cree en la revolución?

R. Sí, la revolución no ha acabado. Seguiremos en Tahrir hasta que cumplan.

P. ¿Cree que el nuevo Egipto ha tenido un buen comienzo?

R. Sí, está lleno de esperanza y la esperanza es poder.

Fuente: El Pais.com - http://www.elpais.com/articulo/sociedad/mujer/puede/liberarse/religion/elpepusoc/20110307elpepusoc_11/Tes
Un mapa contra la violencia sexual en Egipto
La web 'harassmap' registra las agresiones como método de lucha

NURIA TESÓN El Cairo 07/03/2011

Pertenecer a las hijas de Eva y vivir en un país árabe supone haber sido, ser o estar a punto de ser víctima de algún tipo de abuso sexual físico o verbal. La calle, los mercados, los medios de transporte... cualquier lugar es idóneo para un roce leve, un apretón, un pellizco o un toqueteo en toda regla. Los más sofisticados buscan con el codo los senos al cruzarse con una mujer en la acera, los menos educados susurran frases obscenas o deslizan sus manos a nalgas y pubis. Y no se trata de la excepción, sino de la regla.

A pesar de que no existen estadísticas contundentes al respecto, una serie de estudios realizados por organizaciones locales en los últimos años muestran que son muchos (y cada vez más), los actos de violencia sexual cometidos contra mujeres en su vida diaria. En Egipto, según el estudio llevado a cabo por el Centro Egipcio para los Derechos de las Mujeres (ECWR, en sus siglas en inglés), han sido hostigadas alguna vez el 83% de las egipcias y el 98% de las extranjeras, y hay un incidente de acoso sexual o violación cada 30 minutos y 20.000 víctimas al año, según el Centro Nacional de Estudios Sociales y Criminológicos.

Con estas cifras los proyectos para combatir el acoso se hacen indispensables. Uno de los más exitosos es harassmap. Este proyecto busca desde hace dos meses y medio implementar un nuevo sistema de notificación de casos de violencia sexual, a través de mensajes de texto en Egipto. Una de sus fundadoras, Rebecca Chaio, explica que buscaban medios confidenciales para informar de los casos tan pronto como se produzcan. "De ese modo garantizábamos la privacidad de la mujer ", detalla. Las denuncias llegan también a través de internet. Facebook y Twitter, dos de los medios más utilizados. Toda esta información se plasma en un mapa que sirve como "promoción, prevención, y herramienta de comunicación", señala Chiao. Además de poner de relieve la gravedad y la prevalencia de este problema.

Los niños pueden llegar a convertirse en enjambres de moscones repugnantes que cuelan sus manitas por cualquier lugar antes de echar a correr. Suzy, una cristiana copta de 28 años trabaja como profesora de inglés en Shobra, un barrio periférico de El Cairo. Camina siempre con la mirada fija frente a ella o en el suelo: "Tengo miedo a preguntar por una dirección o a cruzarme con un grupo de chavales", afirma. La media de edad de los acosadores en Egipto, según el ECWR, se sitúa, de más a menos, en los varones de entre 19 y 24 años, 25 y 40, menores de 18 y mayores de 41. Y el 61% de los hombres reconoce haberlo sido en alguna ocasión. "Unos me dicen que vaya a su casa y lo que van a hacerme, otros insisten en pedir mi número de teléfono", lamenta Suzy que está casada y tiene una hija de tres años. Su marido, también profesor, la insta a no llegar tarde a casa, para evitar encuentros indeseados y ella acostumbra a "pedirle permiso", si debe ausentarse.

Los principios del proyecto fueron muy duros, según cuenta Rebecca Chiao, pero compensa ver que con el paso del tiempo cada vez reciben más y más denuncias. Hasta 350 de 150 mujeres diferentes. Sin olvidar que casi siempre son las más jóvenes las que acceden a este tipo de recursos. Por eso se han lanzado a la calle para formar y concienciar de que el acoso es un problema real al que hay que enfrentarse. "No es que el problema aquí sea mayor que en otros países árabes, pero existe y hay que denunciarlo", explica Chiao.

En la web se pueden consultar denuncias, puntos calientes donde se producen los acosos y, además, leer un argumentario sobre los peligros de normalizar las actitudes violentas contra las mujeres. Cualquiera puede hacerse eco. Para Rebecca Chiao este es solo el primer paso.

"Nos enfrentamos a un fenómeno que está limitando el derecho de la mujer a moverse y pone en peligro su participación en todos los ámbitos de la vida", explica Nehad Abul Komsan, abogada y consejera del ECWR. En Bahrein o en Yemen, donde las mujeres se cubren por completo, o en Siria, ya son los hombres los que acuden a mercados y tiendas para evitar a sus esposas el bochorno de estas situaciones.

El acoso ha sido siempre un problema en las naciones de Oriente Medio , pero no había sido apenas discutido hasta que hace tres años empezaron a aparecer en blogs vídeos de una multitud de hombres atacando a mujeres en el centro de El Cairo durante el Eid al-Fitr, una importante festividad musulmana. Las cosas han mejorado en el último año y la sociedad y las autoridades están más concienciadas y las mujeres hablan con mayor libertad sobre este tema, incluso han empezado a denunciar las agresiones. Pero el hostigamiento persiste porque las leyes no lo castigan y no existe una verdadera conciencia del problema. Algo, que también avanza aunque lentamente gracias, en parte a proyectos como harassmap que no solo denuncian sino que mueven conciencias.


Fuente: El Pais.com http://www.elpais.com/articulo/sociedad/mapa/violencia/sexual/Egipto/elpepusoc/20110307elpepusoc_10/Tes

La escritora libanesa Joumana Haddad, en Madrid.- SAMUEL SÁNCHEZ

Joumana Haddad, la luz feminista de Oriente
La escritora publica su manifiesto 'Yo maté a Sherezade'

ANA MARCOS - Madrid - 06/04/2011

Yo maté a Sherezade es un espejo que dispara como haces de luz los derechos de las mujeres en todas direcciones, también hacia Occidente. La escritora y periodista Joumana Haddad (Beirut, 1970) ha parido este ensayo (editorial Mondadori) con tanta "furia" que ha iluminado, incluso, a los que ella denomina "los oscurantistas retrógrados que pueblan los países árabes".




"Es un manifiesto -ya se estudia como tal en la Universidad Americana de Beirut- de una mujer un poco loca, pero sobre todo convencida de sus ideas, que no quiere pasar fugazmente por la vida", cuenta en español esta mujer que habla otros seis idiomas. Haddad es responsable de las páginas culturales de An Nahar, uno de los periódicos más importantes de Líbano, además de redactora jefa de Jasad, única publicación erótica del mundo árabe aunque la autora la define como "revista cultural sobre el cuerpo". Se publica trimestralmente en Líbano, ya que "en el resto de los países árabes está censurada".
El ensayo aborda como un cuadernillo de estrategias militares las tácticas para superar la guerra por la que la autora cree que pasa cada mujer. "Un estado necesario para conseguir una vida más rica. No podemos creer que la lucha ha acabado y echarnos a descansar porque en ese justo momento volvería a empezar nuestro retroceso". Por eso ha pasado del entusiasmo al escepticismo con las revoluciones en Egipto y Túnez. "Las mujeres han desaparecido. Creen que sus demandas son importantes pero las han dejado en un segundo plano. No se dan cuenta de que no puede haber una democracia real si no se respetan los derechos de las mujeres", exhorta.
Y aunque la actualidad es la literatura de sus últimos artículos periodísticos, en Yo maté a Sherezade aborda con firmeza aspectos que, por derrochados en papel, no deja de acentuar con cada golpecito que da sobre la mesa. "Las mujeres son sus propias enemigas. Deben usar esa fuerza para cambiar su vida y no justificar contradicciones internas como el velo o el burka. Es la libertad de no ser libre". Haddad se toca el pelo y lo desposee de su aparente erotismo: "Es humillante también para el hombre, lo convierte en un animal incapaz de controlar sus instintos".
"No estamos asistiendo a un cambio que mejore la situación de las mujeres. Internet es rápido y eficiente pero superficial", argumenta sobre el papel que juegan las redes sociales. "La cultura, la educación y en especial la literatura pueden provocar el verdadero tsunami. Son una manera de independizarse, también económicamente". La esencia del libro está en su cubierta: un dibujo en espiral de la palabra libertad. "Si hay un título para mi vida es este".
La batalla culmina con la muerte de Sherezade y la resurrección del mito de Lilith, la primera mujer antes de Eva. "No tuvo que negociar con los hombres para conseguir lo que quería" y abandonó el paraíso para no someterse a la voluntad de Adán. "Lilith es la esencia de la identidad de la mujer. Somos fuertes pero debemos creerlo de verdad".

Fuente: EL PAIS.com - http://www.elpais.com/articulo/cultura/Joumana/Haddad/luz/feminista/Oriente/elpepicul/20110406elpepicul_5/Tes
جمعية النساء التونسيات للبحث حول التنمية تقدم نتائج دراسة حول " المرأة والشغل غير المهيكل"

السبت 24 كانون الأول (ديسمبر) 2011
المصدر: وكالة إفريقيا للأنباء
أكدت السيدة نائلة جراد خلال لقاء انعقد في مدينة العلوم بتونس يوم الجمعة أن دعم القدرات الاقتصادية للنساء، وتعريفهن ومقاومة كل أشكال العنف، وخاصة العنف الاقتصادي المسلط على المرأة، كانت ابرز أهداف مشروع "الهشاشة الاقتصادية ودعم حقوق المرأة" الذي أطلقه فضاء "التناصف" التابع لجمعية النساء التونسيات للبحث حول التنمية بالنسبة للفترة 2009-2011 بتمويل من التعاون الاسباني.
وأوضحت نائلة جراد التي تتولى الإشراف على هذا المشروع أن انجاز دراسة حول "النساء والعمل غير المهيكل" تشكل احد المحاور الأساسية لهذا المشروع .
ولاحظ منصف الزغيدي المختص في علم الاجتماع، لدى تطرقه إلى دور العمل غير المهيكل في الاقتصاد التونسي، أن هذه الظاهرة هي عالمية وتمثل بين 10 و50 بالمائة من الناتج الداخلي الخام و من العمل غير الفلاحي في الدول غير المصنعة، مبينا أن هذا القطاع يقتصر وجوده في تونس على المناطق الحضرية وضواحيها ويضم أساسا العنصر النسائي.
وأفاد عبد الرحمان بن زاكور الباحث المسؤول عن هذه الدراسة، خلال تقديم ما توصلت إليه من نتائج، أنها أنجزت على عينة تتكون من 229 امرأة من أريانة ومنوبة وبن عروس.
وأبرز أن القطاع غير المهيكل في تونس يغطي 5 قطاعات رئيسية هي المؤسسات الصغرى، والباعة المتجولون، والتجارة الحدودية، والإنتاج المنزلي، والتكنولوجيات الحديثة في الإعلام والاتصال.
وقال أن الدراسة بينت أن الهشاشة تمس 84 بالمائة من النساء المستجوبات سواء كن أجيرات أو متصرفات في مشاريعهن الخاصة.
وكشف الباحث في هذا السياق على أربع مؤشرات لهشاشة العمل وهي غياب المؤهلات وعقود العمل وضعف نسبة التغطية الاجتماعية و الاقدمية في العمل.
وأشارت الدراسة كذلك إلى أن 4 بالمائة فقط من النساء صاحبات المشاريع يكسبن دخلا محترما يعادل او يفوق 600 دينار شهريا.
وأشار المتحدث إلى أن 60 بالمائة من النساء المستجوبات يتطلعن إلى توسيع أنشطتهن، مشيرا إلى أن عدم التوصل إلى تحقيق هذه التطلعات قد يكون مرتبطا بنقص في الوسائل المادية وفي المعارف التقنية بالإضافة إلى غياب هياكل التأطير.
وتقدم بن زاكور بتوصيات قد تشكل، بحسبه، مقترحات عملية لجمعية النساء التونسيات للبحث حول التنمية. ومن ابرز هذه المقترحات تنظيم عيادات طبية منتظمة ومجانية أو بأسعار رمزية في الأحياء الفقيرة، و تنظيم المساعدة في الحصول على الأدوية الضرورية وعلى الدعم المدرسي لفائدة الأطفال الذين يعانون من مشاكل في التعلم.
ومن ضمن هذه المقترحات أيضا تقريب الخدمات المالية من النساء في القطاع غير المهيكل اللاتي تتولين الإشراف على مشاريع صغرى، والتدخل لدى السلطات العمومية للفت انتباهها إلى معالجة مسالة السكن في المناطق المعوزة والتفكير في إحداث مراكز للمعوقين في هذه الأحياء.

المصدر: http://nissa.aljil-aljadid.info/spip.php?article153

TANT QU'IL Y AURA DES FEMMES- Entrevue avec l'écrivaine libanaise Joumana Haddad


Joumana Haddad veut exhorter ses sœurs à se "bouger" à travers son livre. © REUTERS

L’intellectuelle et poétesse libanaise Joumana Haddad publie "J’ai tué Schéhérazade". Un essai dans lequel elle s’attaque à l’image négative et exotique des femmes arabes.

« Nous n’avons pas l’habitude de lire dans le monde arabe une poésie aussi nue que celle de Joumana Haddad », écrivait déjà sur elle Tahar Ben Jelloun. En effet, la question de la nudité, du corps et du plaisir n’est jamais très loin lorsqu’on parle de cette intellectuelle libanaise. Poétesse, elle évoque le désir féminin sans détour. Journaliste, elle a créé en 2008 la première revue érotique du monde arabe, Jasad.

Avec J’ai tué Schéhérazade, l’écrivaine se met encore plus à nu… Cet essai résonne comme un « J’accuse » au féminin et féministe. Elle n’aime pas ce terme et, très critique à l’égard du courant féministe en général, n’en revendique pas le contenu. « Mon prochain essai concerne d’ailleurs les hommes », glisse-t-elle. Il n’empêche, vouloir tuer Schéhérazade parce qu’elle est un « complot contre les femmes arabes en particulier et les femmes en général » n’est pas anodin.

"Bougez-vous !"

Tuer Schéhérazade, pour Joumana Haddad, c’est vouloir en finir avec l’exotisme orientaliste et les clichés. « Fuyons les catégories, explique-t-elle. J’aimerais que l’on retienne de ce livre qu’il n’existe pas une femme arabe, comme il n’existe pas une femme française ou italienne. C’est aussi un cri d’exhortation à mes sœurs : “Bougez-vous !” » On pourra bien sûr lui objecter qu’il n’est pas toujours facile de se libérer des traditions, des carcans familiaux et sociaux. Joumana Haddad le reconnaît, ne nie pas les difficultés. Son propos est de dire qu’une autre femme arabe existe. Et qu’il faut compter avec elle.

« L’idée du livre est née quand j’ai lancé Jasad. Les journalistes étrangers étaient tellement étonnés que j’aie réussi à monter ce projet controversé et transgressif ! J’ai réalisé qu’une grande part de clichés concernant les femmes persistent et arrivent même à convaincre les Arabes, qui s’y conforment… La femme arabe existe-t-elle ? À en croire ce que je lis ou entends, ce serait une femme opprimée, voilée, victime. Moi qui suis une prétendue femme arabe, je ne me reconnais pas dans cette définition. J’ai donc voulu aller au-delà de cette image stéréotypée, même si, bien sûr, elle existe. » Dans son essai, elle résume : « Il est grand temps que nous, les femmes du monde arabe, lancions un défi aux schémas établis de la religion. Et de la politique. Et de la sexualité. Et de l’écriture. Et de la vie. »

Polyglotte sans attache

Elle qui se réclame de Lilith, « la première femme indépendante », n’est pas tendre avec sa région natale. « J’ai des yeux, des oreilles et un cerveau. Dans ce cas, difficile d’être tendre avec le monde arabe. Les choses vont très mal, je le constate. » Dans son livre, elle relève qu’être arabe aujourd’hui c’est « maîtriser l’art de la schizophrénie », « suivre le groupe » et « faire face à une série illimitée d’impasses ». Elle évoque longuement l’instrumentalisation de la religion, pas seulement musulmane.

« Les méfaits du christianisme sont moins évidents, plus hypocrites. J’ai passé quatorze ans dans une école de bonnes sœurs. Leur credo : “Exécute puis proteste.” C’est une phrase atroce ! C’est ce que font les kamikazes… Avant de publier le livre, mon mari m’a demandé d’enlever le chapitre sur la religion. Pas question. Je m’attends à des attaques à mon retour au Liban, où l’on peut trouver le livre en français depuis peu. En matière d’attaques, je suis très équipée : après la création de Jasad, j’ai eu droit à tout… »

Joumana Haddad accompagne en ce moment son livre en Europe (il sort simultanément en France, en Grande-Bretagne et en Allemagne, puis l’année prochaine en Espagne, en Italie, au Brésil et aux Pays-Bas). Polyglotte (elle parle sept langues), née à Beyrouth en 1970, elle écrit aussi bien en arabe qu’en italien, en anglais ou en français.

« C’est l’unique avantage d’avoir été élevée chez les bonnes sœurs : j’ai reçu une excellente éducation. J’ai appris l’anglais et le français à l’école, l’arménien par ma grand-mère, et l’italien parce que j’ai été éblouie à 16 ans par un poème de Cesare Pavese. Pour chaque livre, c’est l’idée qui m’impose la langue. Je m’abandonne… », s’amuse celle qui dit ne pas avoir d’attache géographique. « Je ne me sens pas libanaise, cette idée d’appartenance et de patriotisme m’exaspère. J’appartiens aux gens que j’aime et aux situations que je vis. Mes racines sont affectives, intellectuelles, et j’en découvre chaque jour de nouvelles. C’est un hasard d’être née libanaise et chrétienne. Mon mode de vie est nomade. Je n’ai qu’une seule ancre, et elle est tatouée sur ma cheville. »

Griffée au visage

Joumana Haddad est aussi journaliste littéraire (elle dirige les pages littéraires du quotidien An-Nahar) et coordonne l’International Prize for Arabic Fiction (le Booker Prize arabe) mais se présente d’abord comme poétesse, avec cinq recueils déjà publiés et traduits. « À 12 ans, on a lu en classe le poème Liberté d’Éluard. Ça m’a griffée au visage, ça a été comme un tremblement de terre. Quand je suis rentrée à la maison, j’ai écrit mon premier poème : Ma liberté.

La poésie m’avait trouvée. J’ai gardé la feuille avec ma calligraphie d’enfant… J’ai d’abord écrit de la poésie en français, car je voulais éviter la confrontation avec la langue arabe. Puis je me suis dit qu’il fallait livrer cette bataille. J’insiste toujours pour vivre ma vie avec ma chair nue, sans protection. L’écriture est une mise à nu totale. Quand j’écris, je me creuse à l’intérieur pour m’éplucher, me débarrasser de tous mes voiles… »

SOURCE : Jeuneafrique.com : Tant qu'il y aura des femmes Jeuneafrique.com - le premier site d'information et d'actualité sur l'Afrique
En 1923, Hoda Charaoui enlève son voile

Figure du féminisme en Égypte, Hoda Charaoui militait pour l’indépendance de son pays et pour les droits des femmes.
Une autre féministe, Doria Chafic, obtiendra du roi Farouk le droit de vote pour les femmes en 1951.

En Égypte, au début du XXe siècle, les dames appartenant à l’aristocratie et à la bourgeoisie n’ont aucun rôle politique ou social. Après son mariage (conclu entre les deux familles), la jeune femme doit s’occuper de son foyer, de ses enfants, obéir aux diktats de son mari, et sortir voilée pour se rendre en visite. La musulmane Hoda Charaoui, dont le nom en Égypte est synonyme de révolte, refuse alors ce statut de figurante.

Née en 1879 à Minièh (Moyenne-Égypte) dans une famille riche, elle reçoit une excellente éducation, et s’exprime parfaitement en français, la langue de l’élite. Très jeune, elle épouse Charaoui Pacha, un homme politique d’esprit ouvert. Membre du parti Al-Wafd, laïque et libéral, celui-ci consent à l’associer dans la lutte contre la tutelle britannique. Elle ne séparera jamais la cause des femmes de son combat patriotique.

Une lutte à visage découvert
En 1922, la pionnière fonde un mouvement féministe qui connaîtra un grand essor, puis une revue mensuelle, L’Égyptienne . Sa meilleure amie, Céza Nabaraoui, en devient la rédactrice en chef. La même année, elles se rendent à Rome pour assister à un Congrès international féminin. Peu avant d’arriver à Naples, Hoda décide d’ôter son voile, et Céza l’imite. Elles participeront au Congrès le visage nu.

Sur le chemin du retour, en 1923, au large d’Alexandrie, Hoda Charaoui remet son voile. Soudain, elle l’enlève d’un geste brusque. Elle ne trichera pas, et poursuivra sa lutte à visage découvert. Céza Nabaraoui suit son exemple. Au bas de la passerelle, c’est la stupéfaction. Cet acte spectaculaire vaut à Hoda Charaoui une renommée internationale.

Dora Chafic mise en prison par Nasser
En 1947, à l’heure où elle s’éteint à l’âge de 68 ans, la lutte féminine a déjà une nouvelle championne : Doria Chafic. Auteur d’une thèse présentée à la Sorbonne sur La Femme dans l’islam , celle-ci dirige un hebdomadaire de langue arabe qui lutte pour la libération féminine.

Doria Chafic fonde un mouvement politique, Bint El Nil, soit « La Fille du Nil », qui comptera très vite de nombreux membres. En 1951, elle organise une manifestation de 1 500 femmes devant le Parlement, puis pénètre dans l’hémicycle et demande aux députés d’accorder aux femmes leurs droits. Le roi Farouk consent.

La semaine suivante, l’Assemblée confère aux femmes le droit de voter et d’être élues. Arrivé au pouvoir en 1956, Gamal Abdel Nasser instaure le parti unique et met Dora Chafic en prison – elle se suicidera en 1975.

En janvier dernier, de nombreuses femmes ont largement participé à la révolution populaire sur la place Tahrir du Caire.

DENISE AMMOUN, au Caire

Source: La-Croix.com

miércoles, 28 de diciembre de 2011

DÉCIDÉMENT, LA DISCRIMINATION CONTRE LES FEMMES N'EST PAS SPÉCIFIQUES AUX MUSULMANS

Israël : la ségrégation sexuelle imposée par les ultras dégénère


Des affrontements opposent, près de Jérusalem, les forces de l'ordre aux fondamentalistes juifs, qui veulent appliquer partout une stricte séparation entre hommes et femmes.




Des juifs laïcs se disputent avec des juifs ultra-orthodoxes à Beit Shemesh, près de Jérusalem le 26 décembre 2011 (© AFP Menahem Kahana)

La discrimination contre les femmes prônée par certains Juifs ultra-orthodoxes a dégénéré ces derniers jours en récriminations, et parfois en violence, dans la ville de Beit Shemesh, près de Jérusalem, où vit une importante population religieuse.

Des heurts ont éclaté lundi après-midi entre des policiers israéliens et plusieurs centaines d'ultra-orthodoxes réclamant bruyamment une séparation stricte entre hommes et femmes. Un policier a été légèrement blessé par un jet de pierre et plusieurs manifestants interpellés, a précisé le porte-parole de la police, Micky Rosenfeld.

Plusieurs journalistes agressés
Des groupes de "harédim" ("craignant Dieu") ont pris à parti policiers et journalistes, les molestant et leur intimant de "dégager", selon des témoins. Ils leur ont aussi lancé des oeufs et brûlé des poubelles.

Plusieurs pancartes exhortant à séparer les hommes des femmes dans l'artère principale du quartier ultra-orthodoxe de Beit Shemesh, qui avaient été enlevées par les policiers, ont été réinstallées par des habitants.

Beit Shemesh, une cité de près de 80.000 habitants, située à 30 km à l'ouest de Jérusalem, est majoritairement peuplée de Juifs religieux, parmi lesquels une importante communauté ultra-orthodoxe, en pleine expansion.

Une équipe de la chaîne 10 de la TV israélienne, qui filmait lundi dans le quartier, a dû appeler la police à la rescousse après avoir été encerclée par une foule hostile, a précisé M. Rosenfeld.

La police avait pourtant renforcé ses patrouilles à Beit Shemesh où une équipe de télévision avait déjà été agressée dimanche alors qu'elle filmait des panneaux enjoignant aux femmes de ne pas s'arrêter devant une synagogue. A la suite de cette agression, un habitant du quartier a été arrêté.

Ségrégation dans les bus
Une frange de la population religieuse israélienne semble s'être récemment radicalisée, adoptant une lecture rigoriste de la séparation entre hommes et femmes, exigée, dans certains cas, par la Loi juive, la "Halakha".

A Beit Shemesh, de nombreux écriteaux exhortent les femmes à se vêtir "modestement", avec des manches et des jupes longues.

Les médias se sont fait l'écho de nombreux incidents ces dernières semaines, notamment des attaques verbales et physiques contre des femmes ultra orthodoxes et des tensions provoquées par le refus de certaines de s'assoir à l'arrière des autobus.

La ségrégation est pratiquée sur les lignes de bus fréquentées par les religieux depuis la fin des années 1980, mais les prises de position de femmes ultra-orthodoxes contre cette pratique, relayées par la presse, ont ému l'opinion publique.

Des organisations féministes se sont par ailleurs opposées, avec succès, à la pratique tacite de certains publicitaires qui consistait à faire disparaître les images de femmes des affiches dans les quartiers à majorité religieuse, notamment à Jérusalem, sous la pression de la communauté ultra-orthodoxe.

Tendance à la radicalisation
Dimanche, le Premier ministre Benjamin Netanyahu s'est engagé à faire cesser les actes de ségrégation et la violence des ultra-orthodoxes à l'égard des femmes, soulignant qu'Israël est un Etat "démocratique, occidental, libéral".

"Depuis son établissement, l'Etat d'Israël est beaucoup trop tolérant vis-à-vis de l'intolérance des ultra-orthodoxes", déplore Frances Raday, professeur émérite de droit à l'Université hébraïque de Jérusalem, spécialisée dans le droit des femmes. Ils "ne reconnaissent pas le droit à l'égalité, et donc les droits des femmes, pourtant inscrits dans la loi fondamentale israélienne".

Mme Raday estime que la tendance des ultra-orthodoxes est à la "radicalisation". "Et l'Etat ne fait rien pour inverser cette tendance", déplore-t-elle.

Une manifestation de militants de la laïcité est prévue mardi à Beit Shemesh contre ces violences. Les organisateurs attendent 10.000 participants. Des juifs orthodoxes ont fait savoir qu'ils souhaitaient y participer pour montrer que les violences sont le fait d'extrémistes isolés.

Des ultra-orthodoxes non-identifiés ont publié un communiqué au nom de la communauté de Beit Shemesh, condamnant "la violence sous toute ses formes", mais aussi la "provocation" à laquelle se livrent selon eux les médias.

Source : Libération.fr (AFP)

Violencia de género y/o violencia en el entorno familiar?


'Con la ley en la mano, se llama violencia de género'



Concentración contra la violencia de género. J.M. Lostau

Este lunes un hombre asesinó a su mujer con una escopeta de caza en Roqueta del Mar, después de lo que se suicidó. La nueva ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, publicó un comunicado por el que condenaba "el último caso mortal por violencia en el entorno familiar", por el que expresó su "más absoluta repulsa".

El hecho de que la ministra lo calificara de "violencia en el entorno familiar" y no de "violencia de género" no pasó inadvertido y fue inmediatamente criticado por ciudadanos y periodistas. Pero, ¿qué opinan las personas que trabajan con las víctimas del maltrato? Ana María Pérez del Campo, de la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas, AMSD, cree que "la ministra, que acaba de tomar posesión de su cartera, probablemente ha cometido un error, ha tenido un lapsus verbal".

"Ella más que nadie -continúa Pérez del Campo- sabe que su partido aprobó la Ley de Medidas contra la Violencia de Género, por lo que no creo que haya tenido intenciones ocultas. A pesar de esto, el error es grave porque diluye el origen de la violencia. Si no se conoce de dónde viene esta situación, solo pueden aplicarse planes paliativos, pero no erradicativos, que van dirigidos a atacar las causas del maltrato". A pesar de todo, Pérez del Campo no cree que la ministra tenga que retractarse: "no es necesario que cada vez que un ministro se equivoca tenga que salir a pedir perdón; lo que hace falta es que no se vuelva a confundir", sentencia.

Violencia de género y violencia en el entorno familiar
Por su parte, Sagrario Mateo, la presidenta de APRODEMM, establece la diferencia entre violencia de género y violencia en el entorno familiar. "Si, por ejemplo, un abuelo mata a su nieto, estamos hablando de violencia en el entorno familiar; pero si un hombre que es pareja o ex pareja de una mujer la asesina, con la ley en la mano, estamos hablando de violencia de género".

"El lenguaje es importantísimo. La expresión 'violencia de género' cualifica la agresión".La Ley a la que se refieren es la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Entre otras medidas, se aprobó que las ausencias laborales por agresiones generaran derecho a prestaciones por incapacidad y se endurecieron las penas que se le podrían aplicar al agresor. También se acordó la dotación de ayudas ligadas a la formación de las mujeres agredidas "para escapar de la dependencia económica de sus verdugos" y se estableció que tuvieran prioridades de acceso a viviendas de protección oficial.

Esta norma está inspirada en la resolución de la Conferencia de Pekín de las Naciones Unidas, en 1995, donde, según explica Cruz Sánchez de Lara, abogada de la Plataforma de Mujeres Artistas Contra la Violencia de Género, "se hizo un esfuerzo terrible por parte de todos los agentes para avanzar en la especificación del maltrato a las mujeres y poder llamarlo violencia de género".

Según Sánchez de Lara, "el lenguaje es importantísimo. La violencia en el entorno familiar no tiene por qué referirse a la violencia de género, igual que la violencia de género no tiene por qué darse en el entorno familiar. Está pactado que, por no ser coincidentes, se haya cualificado la agresión sobre la mujer. Hay que ser prudentes a la hora de modificar una expresión que está consensuada internacionalmente".

Tanto Ana María Pérez del Campo como Cruz Sánchez de Lara coinciden en poner como ejemplo los asesinatos producidos a manos de terroristas. "Las consecuencias penales de la violencia de género son diferentes a las que tiene la violencia en el entorno familiar. -explica Sánchez de Lara- De la misma manera que el terrorismo tiene consecuencias distintas a las del asesinato, porque responde a una situación especial". Pérez del Campo lo explica diciendo que "los crímenes de ETA, afortunadamente ya disuelta, a nadie se le ocurrió llamarlos 'asesinatos del entorno independentista', sino terrorismo etarra. Y es que si no se llama a las cosas por su nombre -concluye Pérez del Campo- es imposible que se produzca ningún cambio".


Fuente: El mundo.es - María Cappa.

lunes, 26 de diciembre de 2011

"La sociedad no se puede permitir tener ciudadanas esclavas"
La escritora Rosa Regàs acaba de publicar su primer ensayo sobre la desigualdad de género: 'La desgracia de ser mujer'

Regàs, la semana pasada, en el Museo Reina Sofía.Á.N..


Después de haber dado vida a un sinfín de personajes femeninos, la escritora Rosa Regàs (Barcelona, 1933) acaba de publicar su primer ensayo sobre la desigualdad de género. La desgracia de ser mujer (Ara Llibres) es un manual para "saber mirar" y reconocer las "afrentas" que reciben las mujeres sólo por ser mujeres. Situaciones que no se libran de la crítica de Regàs, que, declarada feminista sin pelos en la lengua, advierte: "Soy una anciana y ya puedo decir lo que me dé la gana".

Su libro es un toque de atención sobre los múltiples "tormentos" que sufren las mujeres. ¿La sociedad es consciente de ello?

"Las niñas han sido educadas por madres que, aunque no lo saben, son machistas"
Somos conscientes de las desigualdades, pero nos hemos acostumbrado a ellas. Aún sigue pegando el discurso de que las mujeres ya hemos conseguido mucho más de lo que esperábamos y nos hemos vuelto poco luchadores ante las injusticias.

Injusticias como la desigualdad salarial o el "techo de acero", como usted lo llama.

La desigualdad en el trabajo es muy fuerte. Hay hombres que no contratan a mujeres porque piensan que rinden menos, pero se lo inventan. Y hay quienes sí contratan a mujeres, pero se inventan la división en categorías para meterlas a ellas en las más bajas para que cobren menos, aunque realicen el mismo trabajo que sus compañeros.

¿Por eso está a favor de las cuotas de paridad?

Estoy a favor de las cuotas de paridad porque está todo tan lleno de hombres desde hace tantos siglos que las mujeres necesitan un impulso, por ejemplo, para acceder a las altas esferas de los partidos políticos. Además, para los que dicen que puede que se quite un puesto a un hombre válido para dárselo a una mujer tonta les diré que llevamos tantos años con hombres tontos que porque haya una mujer tonta tampoco pasará nada, ¿no?

Usted ha experimentado en varias ocasiones lo que es ocupar un alto cargo. ¿Alguna vez ha sentido discriminación?

Sí sufrí discriminaciones pequeñas, de esas que todas sabemos lo que son, aunque pasan como si no fuera nada. Pero no les di la menor importancia. Me considero una privilegiada; si cuento los elogios que me han dedicado, superan con creces a esas pequeñas cosas. Pero somos nosotras, las privilegiadas, las que tenemos la posibilidad de dar voz a quienes no la tienen.

"Los derechos de las mujeres los controlan los hombres que hacen las leyes" ¿Como las víctimas de violencia de género que no tienen protección de la Justicia?

Sí, porque los derechos de las mujeres están siempre controlados por los hombres, que son los que hacen las leyes. Y como te toque un juez como Del Olmo...

¿El fin de la violencia está en manos de los jueces?

No sólo los jueces tienen que implicarse en la lucha, sino todos los hombres. Es muy curioso: si organizas una manifestación contra la pobreza, hay hombres y mujeres, pero si organizas una contra la violencia de género, el 99% son mujeres. ¡Como si a los hombres no les tocara este problema! Necesitamos que el delito sea reconocido en el corazón de la gente, y no sólo en las leyes, porque las leyes no se cumplen. Y la sociedad aún piensa "alguna cosa habrá hecho" o "esto siempre ha sido así".

¿Significa eso que vivimos en una sociedad machista?

La sociedad sigue siendo machista por culpa de las religiones, que aún exigen que la mujer esté sometida al hombre. Por ejemplo, la Iglesia no deja que las mujeres sean minitras de dios, y fíjese que ellos no son impuros nunca, pueden ir de putas todo lo que quieran, que las impuras son las putas.

¿Cree que las jóvenes han recibido esa herencia?

Las niñas han sido educadas por madres que, aunque no lo saben, son machistas. Todavía muchas mujeres creen que su realización está en ser "el ángel del hogar" y no se dan cuenta de que esa idea de amor romántico las lleva a ponerse al servicio de los hombres. Y eso es perjudicial para todos: la sociedad no puede permitirse el lujo de tener ciudadanas esclavas.

¿Qué hace falta para cambiar esta situación?

Educación. Desde la escuela, la familia y los medios. Hay que llamar la atención del nuevo Gobierno del PP para que se den cuenta de que la igualdad también repercutirá a favor de ellos. Y necesitamos muchos más hombres que ayuden a luchar contra una lacra que, desde 2003, ha costado la vida de más de 600 mujeres.

FUENTE: Periódico PUBLICO - PAULA DÍAZ MADRID 26/12/2011 08:00

domingo, 25 de diciembre de 2011

Entrevista Con el Teólogo Juan José Tamayo

´La discriminación de la mujer por la Iglesia es una forma de violencia´



Juan José Tamayo impartió ayer una conferencia en Club de este diario. Miquel Massutí

­­El teólogo Juan José Tamayo presentó ayer en el Club Diario de Mallorca su nuevo libro: Otra teología es posible. En él intenta dar respuesta a los nuevos fenómenos de nuestro tiempo. Tamayo pide actualizar el lema de la Ilustración: "¡Atrévete a pensar!". Asimismo, relata el éxito de la revolución femenina.

En su libro analiza la diversidad cultural, el pluralismo religioso o el feminismo. ¿Qué mensaje quiere transmitir?
- Quiero colaborar al desarrollo del nuevo paradigma que se está produciendo en la historia de la humanidad. El paradigma anterior ya está superado y no da respuestas a los problemas de nuestro tiempo. Tenemos una política, una sociedad y una Iglesia inmovilistas que paralizan los procesos históricos. En el libro identifico los nuevos fenómenos. El primero es el de la diversidad cultural, ya que hemos pasado de sociedades monoculturales a vivir en una sociedad mestiza. Otro de los desafíos es la conciencia ecológica y, por último, la emancipación de la mujer. La diversidad cultural desmonta el mito de que la cultura occidental es la más desarrollada y la dominante.

¿Por qué no recoge en su obra el fenómeno del 15-M?
- Este fenómeno se produce en el límite de entrega del libro a la imprenta. Si hay una segunda edición, lo voy a tratar. De hecho, dedico el libro a mis dos hijos que son unos indignados con causa. El 15-M es la expresión del malestar generalizado de las sociedades occidentales y del mundo musulmán. En el fondo, los indignados luchan por recuperar la dignidad robada por el neoliberalismo y los dictadores. En breve aparecerá algún texto mío que se titulará Jesús el indignado.

¿Jesús hubiera sido del movimiento 15-M?
- Nos han trasmitido una imagen de él como un cordero que va a la muerte llevado al matadero. La figura de Jesús tiene otra cara. Es un crítico del poder, un indignado con las autoridades religiosas de su tiempo, denuncia las injusticias, está siempre del lado de los pobres y los excluidos y contra el mercantilismo. Buena parte de los lemas de los indignados estaban ya presentes en la vida de Jesús.

¿Qué le sugiere ¡ Democracia Real ya!?
- Es una expresión que pide una democracia participativa y no solo representativa, una democracia económica y no solo política, una democracia contrahegemónica y no controlada por el poder del imperio y una democracia libre y no sometida al asedio del mercado. No podemos esperar más. El agua nos llega al cuello y esto nos lleva camino de la dictadura. Yo siempre digo que en España hemos pasado de luchar contra la dictadura de Franco a luchar contra una nueva dictadura, la tiranía de los mercados. La democracia, la política y la economía han sido secuestradas por el mercado que se ha convertido en el Dios absoluto.

Usted ha apuntado en varias ocasiones que en el cristianismo hay mensajes de violencia. ¿A qué se refería?
- En el cristianismo histórico y cultural existe toda una serie de símbolos y hechos que utilizan a las mujeres como objetos y las relegan y discriminan. Creo que esto ya es un ejercicio de violencia. La Iglesia Católica no denuncia de forma suficiente y con regularidad la violencia de genero. Hablar de derechos humanos con la incoherencia vaticana es una imposibilidad formal.
¿En qué consiste esta imposibilidad formal?
- La estructura de la Iglesia impide la democracia y los derechos humanos. Su organización jerárquica y patriarcal lo imposibilita. No escucho de forma frecuente que se condene la violencia de género. La Iglesia habla más de cuestiones sexuales que de violencia contra las mujeres.

¿Cree que Mariano Rajoy volverá a gobernar con la Iglesia, como afirmó que hacía el PP en el año 2003?
- Debemos esperar y dar los cien días de rigor. No obstante, Rajoy empezó mal en su toma de posesión. Juró su cargo con la Biblia abierta en el capítulo 30 del libro de los números. Este capítulo regula los votos y juramentos y discrimina a la mujer de forma clara. Relata que las mujeres solo pueden deshacer sus juramentos si sus padres o maridos los revocan, siempre deben depender del hombre. Sospecho que Mariano Rajoy no sabía esta circunstancia y espero que ello no condicione su política.

¿Es posible otro mundo?
- Es posible y necesario. Dos terceras partes de la humanidad viven al borde la pobreza por el modelo económico del neoliberalismo. Es preciso que todos los seres humanos vivan en condiciones dignas.

¿Los teólogos esperabais a una mayor apertura de la Iglesia Católica con Benedicto XVI?
- Quien pensara que Benedicto XVI pudiera hacer cambios en la Iglesia era un ingenuo. Su trayectoria no daba para sorpresas, igual que la trayectoria de Rajoy no presagia cambios importantes. Con sus 23 años al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde batió el récord de condenas a colegas, era previsible lo que está haciendo. Cuando nombran un papa, siempre se dice que debe abrir la Iglesia a los nuevos tiempos para no quedar en un residuo del pasado. Sin embargo, siguen reforzando las estructuras patriarcales y autoritarias.

Fuente: Club Dario de Mallorca - MIQUEL ADROVER. PALMA

sábado, 24 de diciembre de 2011

Le prix Simone de Beauvoir décerné aux femmes démocrates de Tunisie

Le prix Simone de Beauvoir décerné aux femmes démocrates de Tunisie

Le prix Simone de Beauvoir, doté de 20 000 euros, a été décerné, vendredi 23 décembre 2011, à l'Association tunisienne des femmes démocrates. Après avoir subi la répression du régime de Ben Ali, cette association historique défend activement les droits des femmes face à la montée de l'islamisme.


Les militantes de l'Association tunisienne des femmes démocrates, à Bizerte, pendant la campagne électorale post Ben Ali.

23.12.2011Par Camille Sarret ( avec l'AFP)

Après avoir récompensé en 2010 la grande romancière russe Ludmila Oulitskaïa, le prix Simone de Beauvoir qui,depuis 2008, promeut la liberté des femmes dans le monde, a été attribué à l'Association tunisienne des femmes démocrates, vendredi 23 décembre 2011. C'est un jury international, composé de 25 membres (issus du monde artistique et littéraire) et présidé par la journaliste Josyane Savigneau qui a fait ce choix. « Nous sommes très fières, c'est la reconnaissance de notre combat. Simone de Beauvoir est un symbole fort pour nous », réagit au téléphone Saïda Rached, secrétaire générale de l'association. Militant pour l'égalité entre les sexes, la démocratie, la laïcité et la justice sociale, l'Association tunisienne des femmes démocrates est issue du mouvement féministe des années 70. Elle s'est créée au début des années 80 mais n'a obtenu une reconnaissance légale qu'en 1989. L'association a subi de plein fouet la répression et la censure exercées par le régime de Ben Ali. REPRESSION ET CENSURE SOUS BEN ALI « Le verrouillage était total, se souvient Saïda Rached. On n'avait accès ni à la télé ni aux journaux ni aux places publiques. Même dans les lieux privés, il était difficile pour nous de nous exprimer. Par exemple, on nous a interdit d'organiser des réceptions dans un hôtel. Considérées comme des femmes de gauche, nous avons été harcelées, suivies, interpellées. Mais nous étions tellement attachées aux droits des femmes que nous étions prêtes à tout. Nous n'avons jamais abandonné. » Cherchant à contre-carrer la propagande du régime, les femmes démocrates ont réussi à publier deux rapports (dont le dernier en 2010) sur la situation réelle des femmes en Tunisie. « Que ce soit sur le plan de la santé, du travail ou de la participation politique, nous avons montré que l'avancée des droits des femmes n'était pas aussi brillante que le prétendait le gouvernement de Ben Ali. » Quand la révolution a éclaté, il y a un an, les militantes ont battu le pavé et ont joué un rôle actif dans la période délicate de la transition démocratique. « Nous avons été présentes dans toutes les commissions telles que Enquête et Vérité, Réforme du code électorale. Nous avons bataillé dur pour obtenir la parité, précise la secrétaire générale. Même si la loi dans son état actuel reste insuffisante, nous ne regrettons pas d'avoir imposé des quotas de femmes sur les listes électorales. Si nous n'avions rien fait, il n'y aurait même pas eu 5% de femmes dans l'assemblée constituante.» FACE AU DANGER ISLAMISTE Depuis la victoire du parti islamiste Ennahda, les femmes démocrates sont sur le qui-vive : « Ils font énormément de promesses mais on connaît le projet de société qu'ils défendent et qui est loin d'être favorable à l'émancipation des femmes. Aujourd'hui on attend des actes. Leurs partenaires politiques les ont avertis : "Les droits des femmes, c'est la ligne rouge à ne pas dépasser." Nous sommes descendues deux fois dans la rue depuis leur élection. Nous n'hésiterons pas à le refaire.» Pour l'instant, les acquis des Tunisiennes n'ont pas été attaqués de manière frontale. Mais « il y a de changements importants dans les comportements, précise Saïda Rached. On commence à voiler les petites filles de 7, 8 ans. Le niqab a fait son apparition, ce qui avant nous paraissait inimaginable ! A l'université, des femmes réclament le droit de passer des examens en portant le voile intégral. Une première étape pour ensuite exiger des cours non-mixtes. Il faut rester vigilant. Le prix Simone de Beauvoir peut nous aider dans notre combat.»

Source: TV5Monde (www.tv5monde.org)

viernes, 23 de diciembre de 2011

Rencontre-débat avec Sophie Bessis, autour de son livre « les Arabes, les femmes, la liberté»




Pourquoi les femmes arabes sont-elles contraintes de porter sur leurs épaules les signes identitaires de leurs sociétés ? Où est passé l’héritage réformiste, de l’Égypte au début du XXe siècle à la Tunisie de Bourguiba qui promulguait en 1956 une loi dévoilant les femmes et leur donnant des droits et des libertés dont elles n’avaient jamais bénéficié ? Peut-on encore croire aujourd’hui que le monde arabe a entamé lui aussi sa marche vers l’égalité des sexes, comme on l’a naguère espéré ?Ou, alors, faut-il penser - à observer les évolutions actuelles - que la régression est pour un temps inévitable ? Pourquoi des femmes, souvent économiquement émancipées, acceptent-elles, au nom de la religion, de demeurer juridiquement et socialement inférieures ? Pourquoi sont-elles si nombreuses à se soumettre volontairement au port du hijab, signe à leurs yeux de fidélité à leur foi ?C’est à cette somme de questions que tente de répondre Sophie Bessis. Car, au lieu de continuer à opposer modernité et tradition, il faut aujourd’hui se demander de quels maux sociaux, dans un monde arabe devenu moderne, la condition des femmes est le symptôme. Dans un monde déserté par les grandes idéologies séculières, où les paniques identitaires répondent à l’uniformité de la mondialisation, la religion est présentée par l’islam politique comme le dernier refuge de sociétés qui s’estiment menacées. Mais elle représente aussi une menace pour les femmes. Quelles réponses apportent-elles aujourd’hui à cette résurgence de la norme religieuse ? Comment les combats se mènent-ils et quels sens peut-on leur donner ?En ce début du XXIe siècle, la situation des femmes dit où en est, et peut-être où va le monde arabe.


Présentation du livre de Sophie Bessis, « les Arabes, les femmes, la liberté », par Brigitte Allal
Merci d’être si nombreux. Je pense que nous le devons à Sophie. Je vais faire un rapide résumé de son livre, que tous, ici, n’ont peut-être pas lu, et après je lui donnerai la parole, et nous débattrons. Le titre du livre de Sophie est un titre ouvert, ce n’est pas « les Arabes retirent aux femmes la liberté », mais « les Arabes, les femmes, la liberté » : c’est la différence entre un titre fermé et un titre ouvert. L’ouverture ?Les Arabes sont la source et la cible de l’oppression : « Les continents du Sud n’ont connu de la modernité que ses versions tronquées. » Il y a ceux qui ont voulu (les réformistes) ou qui veulent la fin de l’oppression des femmes, et ceux qui ne la veulent pas.Les femmes : il y a celles qui veulent porter le hijab, il y a les militantes islamistes, mais il y a aussi les militantes féministes, et même les féministes du djihad de genre.La liberté : il y a la liberté de courir chez le juge demander le divorce, comme en 1957 en Tunisie, pour libérer son lit d’un vieil étranger ; la liberté voulue par les penseurs libéraux arabes des premières décennies du XXe siècle ; mais il y a aussi la liberté dévoyée du discours libéral occidental vantant les entreprises coloniales.Au cœur du titre comme au cœur du livre, il y a les femmes, car, pour Sophie, la « question féminine est au centre des interrogations que le monde arabe porte sur lui-même, sur son rapport à l’identité et à l’universel » (p. 59).En exergue du livre, la citation de Karl Marx, tirée de « la Critique de la philosophie hégélienne du droit » (1844) : « La conscience renversée du monde, le cœur d’un monde sans cœur »). Là encore, ouverture, car le texte dit plus de la religion que ne disent nos officines laïques nationales.
Le livre commence par un prologue en forme de conte...Il était une fois, en Tunisie, il y a longtemps, le 13 août 1956, lois de Bourguiba : les femmes sont libres d’épouser qui elles veulent, de divorcer, de ne plus porter le voile.Il était une fois, en Égypte, il y plus longtemps encore, années 1950 : les actrices des studios de cinéma du Caire.Il était une fois, chez les Arabes, encore plus loin dans le temps, fin XIXe-début XXe siècle : les penseurs libéraux arabes, tous convaincus que le progrès de leurs sociétés passe par celui des femmes.On quitte le conte pour revenir au présent : fatwas, hijabs qui envahissent les rues, télé-évangélistes d’Allah, censures, feuilletons islamiquement corrects, crimes d’honneur impunis... Que s’est-il passé ? De quoi les femmes sont-elles aujourd’hui la mesure ?Le projet du livre est de « suivre leur trace et de comprendre, à travers et par elles, la trajectoire de sociétés qui veulent aller quelque part sans savoir où elles vont », se déclinant en cinq chapitres.
1) D’abord « Les héritages » :a) celui du courant réformiste et libéral du début du siècle : en Égypte Qassim Amin, Mansour Fahmy, en Tunisie Tahar Haddad qui compare le voile à « la muselière qu’on met aux chiens pour les empêcher de mordre » ; et les mouvements de femmes : l’Union des femmes égyptiennes, Manoubia Ouertani en Tunisie, Houda Shaaraoui en Égypte, le Congrès des femmes d’Orient, etc. ;b) celui des mouvements nationalistes qui luttent pour la liberté, mais une liberté collective et non individuelle, qui s’accompagne de la défense de l’identité ;c) enfin, celui de la période coloniale, où l’instrumentalisation des femmes comme arme idéologique a été le fait des occupants comme des occupés : « Parmi les armes de la bataille, leur corps disputé : à qui appartient-il puisqu’il est évident qu’il ne leur appartient pas ? » - une instrumentalisation qui a à voir avec la polémique récente autour du voile, « comme si quelque chose de l’époque coloniale avait oublié d’être soldé ».
2) « Le renversement du monde », titre du second chapitre, est celui que les femmes risquent d’opérer.L’évolution de la condition des femmes durant les cinquante dernières années a été fondamentale : scolarisation, travail à l’extérieur, baisse du nombre d’enfants, etc. Alors peut-on penser qu’il y a encore certaines poches de tradition qui freinent le progrès, et qu’avec le temps, les femmes, comme partout, avanceront ?Non, parce que le caractère brûlant de cette question est au cœur des tensions du monde arabe, et même au cœur de chacun dans ce monde, homme ou femme, et que cette centralité empêche de confondre ce que Sophie appelle « le moderne », qui s’accommode très bien de l’inégalité entre hommes et femmes, et la vraie modernité, qui la remettrait en cause : « Dès le début, le consensus des hommes sur la nécessité de moderniser la condition des femmes s’est accompagné de leur refus de toucher aux fondements de la suprématie masculine. » (p. 49)Or, ce refus de toucher à la suprématie masculine a trouvé comme recours le religieux, sur lequel sont bâtis tous les codes de statut personnel (y compris dans les pays les plus progressistes : cf. la question de l’inégalité hommes/femmes dans l’héritage, en Tunisie). Et l’on peut se demander, sur ce point, « si la loi entérine la crainte supposée de l’opinion à l’égard de changements trop rapides, ou, à l’inverse, si elle freine un désir collectif - plus fort qu’on ne le croit - de faire coïncider le droit avec les faits » (p. 54) : bref, si elle est en avance sur la société ou si elle est en retard.Derrière le recours à l’islam, et à l’identité, il y a donc le refus, l’empêchement ou l’impuissance à toucher aux fondements de la suprématie masculine, à redéfinir un ordre qui ne serait pas l’ordre masculin. Le problème est que l’avancée effective des femmes a rendu plus difficile ce refus de toucher à la suprématie masculine, et que la question des femmes a pris un tour nouveau, qu’il y a une véritable mutation : « En faisant irruption sur la scène publique, les femmes ont fait éclater le cadre normatif grâce auquel la société des hommes entendait contrôler leur émancipation » (p. 58). Bref, elles ont posé la question de l’égalité entre les sexes, et, pour de larges secteurs de l’opinion arabe, cela risque de renverser le monde, d’où la tentation du repli - une tentation à laquelle ne cédaient pas les réformistes de la fin du XIXe et du début du XXe siècle, pourtant en butte aux ébranlements coloniaux.
3) « Le temps de l’anomie », troisième chapitre, essaie de brosser plus généralement la toile de fond de ce repli dans une idéologie religieuse dominante : a) l’écrasante hégémonie des armes (en action), des marchés et des modes de vie occidentaux a poussé à la réaction identitaire ;b) l’écroulement des grands messianismes séculiers a favorisé la renaissance du religieux ;c) mais l’échec vient aussi de l’intérieur, où des clans dirigeants ont privatisé le pouvoir, ruinant les espoirs de développement fondés sur les indépendances à coup de misère, de chômage, de mépris de la diversité et des libertés individuelles (« Une nation, une religion, un peuple, une langue ») et de fermeture de la pensée. Devant une contestation qui montait, en particulier chez une petite bourgeoisie urbaine éduquée, en proie au chômage, ils ont cru pouvoir continuer à se légitimer en proclamant la « sacro-sainte personnalité arabo-islamique » de leurs sociétés et en en confiant la gestion (en particulier celle des enfants et des femmes) à la mouvance islamiste ;d) la modernisation est restée technique, hors du politique et du philosophique : l’école, un des principaux vecteurs de la dictature qu’exerce le religieux sur toutes les expressions et les formes de pensée (p. 69), en est un tragique exemple.C’est ce bricolage du « moderne », coupé de la vraie modernité, qui est le terreau de l’islam d’aujourd’hui, et de l’islam politique en particulier : celui-ci s’est développé dans des sociétés encore attachées à l’ancien, mais toutes en voie de modernisation, et « a contribué plus qu’on ne le pense généralement à défaire le vieux monde ». Car l’islam politique n’est pas conservateur : il est porteur d’une révolution réactionnaire et moderne dans la mesure où il veut changer la société et inventer une autre modernité « capable de concurrencer celle qui a pris naissance au siècle des Lumières et dont les principes ont acquis peu à peu une valeur universelle » (p. 75). Son projet est de créer le « musulman nouveau » en opérant trois ruptures : rupture avec l’islam traditionnel, avec l’islam officiel des pouvoirs corrompus, et avec l’Occident « matérialiste et amoral ».Or, cette tentative d’inventer une « modernité musulmane » pourrait bien être, en fait, le même mouvement que celui du postmodernisme occidental, qui a renoncé à la croyance au progrès et au sens de l’histoire, c’est-à-dire aux piliers sur lesquels s’est construit l’universel séculier, au profit d’une pensée du relatif, du spécifique, du déterminisme culturel, de l’équivalence des valeurs, et de la réduction du spirituel au religieux : « On assiste aujourd’hui à la mondialisation accélérée des idéologies du spécifique. Tout se passe comme si l’essentialisation des sociétés opérée par la pensée postmoderne occidentale avait pour miroir oriental la construction de “l’identité musulmane”, présentée comme irréductible aux autres par les nouvelles mouvances de l’islam. » (p. 84)La question est que cette visée d’une « modernité musulmane » saute de la prémodernité d’avant-hier à la postmodernité d’aujourd’hui, en faisant l’économie de la modernité d’hier, mais qu’elle trouve dans les idéologies postmodernes occidentales une légitimité supplémentaire.
4) « Quels rôles pour les femmes », dans ce contexte, que deviennent allors les femmes ? C’est l’objet du quatrième chapitre.On assiste dans les pays arabes au retour en force du triptyque « identité/religion/femme voilée ». Et ceci dans une sorte de silence...Silence au Sud : depuis une quinzaine d’années se développe une nouvelle génération de penseurs arabes qui défendent la séparation du politique et du religieux, ou tentent de renouveler l’exégèse du Coran par des lectures progressistes, mais, curieusement, ils ne parlent quasiment pas des femmes, et « aucun ou presque ne s’attarde vraiment sur l’urgence d’une réforme de la condition féminine » (p. 97), contrairement aux penseurs féministes de la première moitié du siècle dernier, qu’ils citent à peine dans leurs rétrospectives de la pensée islamique. Pas de femmes auteurs non plus dans ces rétrospectives, alors qu’elles existent dans l’Université.Silence aussi au Nord : dans la pléthore d’ouvrages sur les mouvements islamistes ou les nouveaux intégrismes, on ne parle guère des femmes. Même lors du débat sur le voile, on a peu parlé de la signification du voile pour les femmes, mais beaucoup des « mérites respectifs du communautarisme ou de la république jacobine ». La surmédiatisation dont elles ont été l’objet avait plus pour visée de démontrer « la dangereuse arriération d’à peu près tous les musulmans » (p. 99) que de prendre la question des femmes comme sujet de réflexion.Il faut donc aller chercher chez les femmes la réflexion sur les femmes, et refaire l’itinéraire de leurs positions et controverses :a) d’abord le reflux de la première vague féministe avec les luttes de libération nationale : « Elles ont cru, naïvement, que leur libération viendrait presque naturellement une fois l’indépendance acquise » (p. 101) ;b) années 1970 et 1980 : naissance simultanée de mouvements féministes et islamistes, entraînant chez les premières la constitution d’un féminisme de défense des acquis plus que d’avancées, et la nécessité de combattre les nouvelles missionnaires de l’islam qui sont nombreuses, malgré les violences physiques et symboliques dont les femmes font l’objet. Des violences misogynes qui ont pour caractéristique d’être exercées par les islamistes, secondées par les pouvoirs, et acceptées souterrainement par les sociétés (cf. l’affaire d’Hassi-Messaoud, en Algérie) : « Du Caire à Alger, la brutalité misogyne prétend s’exercer de façon légitime sous le manteau protecteur de la référence religieuse. » (p. 106)Dans ces conditions, qui est responsable ? Les partis religieux font assaut de paroles lénifiantes sur les femmes : ils sont évidemment obligés de composer avec l’avancée des femmes dans la société, sous peine de perdre leurs militantes, mais, au-delà du double discours qui est le leur, ils sont aux prises avec les mêmes contradictions que l’ensemble des sociétés : contradictions entre la tentation moderne et le repli sur soi. Cependant, tous refusent que l’on touche aux fondements du droit musulman : le maintien obstiné de la polygamie en est une illustration éclatante.Que proposent-ils aux femmes ? L’égalité dans la complémentarité, ce qui est une relégitimation, sous un autre discours, de leurs rôles traditionnels : « Dieu assigne à chaque sexe sa place dans l’ordre social. » (p. 116) Sans enfermer les femmes à la maison, ils l’enferment dans le hijab, qui est le succédané des murs de la maison, et remplacent le terme « égalité » - un terme à contenu juridique - par le terme « équité », qui est à contenu moral : c’est toute la différence entre la justice et le respect.Ce chapitre se termine par une question : « Les islamistes formuleraient-ils en l’exagérant le sentiment majoritaire voulant que la modernisation respecte les limites fixées par le sacré pour ne saper ni l’ordre établi ni les repères identitaires ? » (p. 120)
5) « La concurrence des modèles », le cinquième chapitre, pose une question sur la modernisation qui ne soit pas originée dans l’Occident : que faire alors du modèle occidental ? « Sa prétention à incarner l’universel contraint-elle à l’importer sans le questionner, ou faut-il le refuser au nom de la sauvegarde d’une authenticité saccagée par les entreprises coloniales ? » (p. 123)Entre l’adoption du modèle occidental et son refus se sont élaborés nombre de bricolages et de divisions tentant de concilier les deux termes de l’alternative, et on retrouve chez les femmes ces divers essais de synthèse entre modèles contradictoires :a) les femmes islamistes, qui sont nombreuses, protègent-elles seulement leur présence dans l’espace public en déclarant leur soumission aux nouvelles contraintes, ou estiment-elles celles-ci justifiées ? Elles ont en tout cas contribué à faire accepter à la mouvance islamiste certaines évolutions (cf. en Tunisie, au Maroc), pris leur place de militantes dans les cités populaires, dont elles connaissent le langage, trouvé dans les mosquées des lieux de socialisation ; mais ces bénéfices secondaires supposent que ne soit pas remise en cause l’hégémonie du masculin. Elles se disent féministes d’un autre féminisme que le féminisme occidental parce que la question de la liberté du corps des femmes et de leur autonomie sexuelle ne les concerne pas. Elles se doivent de combattre les féministes laïques doublement traîtresses, du fait de leur classe sociale qui les éloigne du peuple, et de leur sympathie coupable à l’égard des valeurs occidentales. Ce faisant, elles sont en phase avec une presse populaire qui n’hésite pas à traiter les féministes de « prostituées », et avec les oulémas qui les voient annoncer la fin de l’institution du mariage et de la famille ;b) les féministes, quant à elles, résolument universalistes, sont minoritaires mais ont de l’influence sur les débats de société qui agitent leurs pays et « tentent, avec succès parfois, de rompre le silence qui entoure les démissions des opinions et des pouvoirs devant la vague montante du discours religieux. Avançant à petits pas, elles ont un peu partout, mais inégalement, progressé, et elles sont seules à faire bouger les lignes et à révéler, par la violence des batailles qu’elles déchaînent, l’importance de l’enjeu sur le rôle du féminin. Mais, malgré les nombreux incidents qui ont affaire avec la sexualité (chasse aux couples, etc.), elles se taisent sur le corps, et le sexe reste tabou : « Dans ces pays où l’obsession du sexe est la cause et le symptôme des plus graves névroses, où les femmes libres sont traitées de libertines, le tabou est si fort qu’il semble intransgressible, même par les féministes... Les hommes du Sud ne sont pas prêts à lâcher ce qu’ils considèrent encore comme leur propriété. » (p. 154 et 155) ;c) quant à l’influence des musulmans du Nord sur leurs sociétés d’origine, elle reste ambiguë, et il est sûr que celles qui se veulent musulmanes et néanmoins modernes trouvent chez « leurs cousines européennes proches de l’islamisme un exemple béni » (p. 158) ;d) enfin, en 2005, à Barcelone s’est tenu un congrès de « féministes islamiques » pour le « djihad de genre », pour une révolution culturelle au sein de leur religion, où des femmes musulmanes, mais qui ne venaient pas des pays arabes, ont « proclamé la lutte contre la lecture chauviniste mâle, homophobe et sexiste des textes sacrés de l’islam ». Annoncent-elles un féminisme de troisième type, à mi-chemin du féminisme occidental, avec son triptyque modernité-égalité-sécularisation, et le féminisme de la mouvance islamiste, avec son binôme islam-identité ? Où se heurteront-elles rapidement à la loi du Livre ?Ce chapitre se clôt sur une question : « Quel sera le sort du nouvel objet modernité-égalité-islam-identité ? OVNI politique éphémère, ou préfiguration d’un futur encore flou ? »
Je retiendrai de la conclusion du livre, « Conclure », l’hypothèse que les femmes, qu’on essaie d’enfermer dans la double illusion d’une personnalité arabo-musulmane immuable et d’une culture pure dont elles seraient les garantes, mais qui sont malgré tout en mouvement, seront peut-être « les opératrices de cette modernité arabe qui n’en finit pas de se chercher », et que la violence des batailles qui se livrent autour d’elles est peut-être le dernier sursaut de sociétés d’hommes terrorisés par l’effritement de leur pouvoir. Ou alors, retour en arrière, régression ? On sait qu’il n’y a pas de progrès ni de sens de l’histoire, mais on aimerait bien ne pas le savoir...
Brigitte Allal : Sophie, as-tu quelques remarques à faire, avant que l’on passe aux questions ?
Sophie Bessis : Merci à vous d’être là, ce soir. Cela va être délicat de parler devant une assistance essentiellement composée d’amis, parce qu’il faut être encore mieux que devant des gens qu’on ne connaît pas.D’abord, il faut faire attention à ne pas verser dans l’essentialisme. Il y a des différences entre les pays du monde arabe, les situations n’y sont pas les mêmes. J’ai essayé de montrer quel est le sens de ces différences. Elles prennent racine dans les sociétés aux évolutions différentes, même si, aujourd’hui, la surdétermination religieuse tend à les limer. Mais il faut analyser cette diversité, sinon on risque de passer à côté d’un certain nombre de questions.Autre chose : effectivement, le réformisme est le fait d’une partie des penseurs du monde arabe, mais ce livre est trop court pour expliquer la complexité de ce mouvement né à la fin du XIXe- début du XXe siècle. Une autre tendance, se qualifiant également de « réformiste », n’a pas posé la question des femmes. Et les premiers, tout en posant la question de la promotion et de l’éducation des femmes, sont tout de même restés très prudents.En fait, le propos de ce livre est : « De quoi la situation des femmes est-elle le symptôme ? » Il ne parle pas des femmes ; ce n’est pas un livre sur les femmes elles-mêmes, mais sur les sociétés arabes d’aujourd’hui. Je dis bien d’aujourd’hui parce que je crois que le couple d’opposés tradition/modernité ne fonctionne plus. C’est fini, il n’y a plus de tradition, il en reste de petites poches par ci par là, mais il faut franchement aller les chercher pour les trouver.Donc de quels maux contemporains la condition des femmes est-elle le symptôme, voilà la question, et c’est pour cela que je dis que ce n’est pas un bouquin sur les femmes. Bien entendu, je n’arrête pas d’en parler. Mais à travers la grille de lecture de la condition féminine, ce sont les sociétés que j’essaie d’observer.
Brigitte Allal : D’abord, je voulais te demander, ce serait peut-être intéressant à savoir, ce qui pour toi a présidé à l’écriture de ce livre.Ma seconde question : Pourrais-tu revenir sur la distinction que tu fais entre « le moderne » et « la modernité » ?Ma troisième question : dans le second chapitre, qui s’intitule « Le renversement du monde », tu évoques un argument qu’avancent beaucoup d’analystes des évolutions des pays arabes : il y aurait une simple asymétrie temporelle entre les deux rives de la Méditerranée, et au fond, partout en Occident, l’histoire contemporaine a été marquée par un décalage chronologique entre les progrès de la modernisation économique, sociale et politique, et ceux de la place et du statut réservés aux femmes dans la société et dans le droit. L’argument, ce serait finalement : Bon, attendons, cela va se passer comme ailleurs, etc. Et toi, tu réfutes cet argument. J’aimerais bien qu’on revienne sur cette réfutation, cela me paraît une chose très importante.Et, enfin, ma quatrième question concerne le sens de l’histoire et le progrès. Ton livre commence et finit par une affirmation résolue : le progrès n’existe pas, il n’y a pas de sens de l’histoire. Et pourtant, dis-tu en conclusion, « l’histoire des femmes ne s’est pas arrêtée ». Que faire de cette contradiction ? Sommes-nous condamnés au postmodernisme, dont tu soulignes qu’il fait écho à la mouvance islamiste ? Et comment repenser un universalisme qui ne soit pas la traduction de l’hégémonie et de l’homogénéisation occidentales ?
Sophie Bessis : Je vais commencer par ta dernière question : dire qu’il n’y a pas de sens de l’histoire, cela ne veut pas dire qu’il n’y a pas d’histoire. Le sens de l’histoire et l’histoire sont deux choses différentes. On a cru à la linéarité du progrès, même si le marxisme a introduit la dimension dialectique de ce progrès. Or, le XXe siècle a montré qu’il n’y a plus de vecteur de progrès. Tout le monde sait désormais qu’il n’y a pas de déterminisme du progrès. Mais s’il n’y a plus de sens de l’histoire, et tout le monde malheureusement en est plus ou moins convaincu, cela ne veut pas dire que l’histoire n’a pas de sens : l’histoire garde un sens, et l’histoire existe. Je n’ai pas dit : « Il n’y a plus d’histoire ». Et c’est bien pour cela qu’aujourd’hui on peut poser la question de savoir si, dans les sociétés arabes auxquelles je m’intéresse, il y a menace de régression, ou s’il y a un continuum historique qui permettrait de progresser dans un certain nombre de directions. Si on ne peut pas répondre à cette question-là, c’est bien qu’il n’y a pas de sens de l’histoire. Sinon on y répondrait, en disant : « Bon, les régressions, elles ne sont pas si graves, etc. » Or, on n’en sait rien. C’est bien que le progrès n’est pas une donnée déterminée, et que peut-être il se construit. Voilà ce que je voulais dire. Et je crois que c’est important.Maintenant pourquoi ce livre ? Je n’en sais rien, on ne sait jamais pourquoi on écrit un bouquin. Cela fait très longtemps que je travaille sur ces questions, j’avais publié en 1992 avec Souhayr Belhassen un livre qui s’appelait « Femmes du Maghreb, l’enjeu ». Donc, c’est une vieille préoccupation. C’est un sujet sur lequel j’ai continué à travailler.Mais là, j’avais envie de dire autre chose, c’est-à-dire de ne pas simplement faire l’inventaire - qui est, cela dit, extrêmement important : scolarisation, avancées, droits des femmes, etc. -, que d’autres continuent à faire de manière très pertinente. J’avais envie de changer d’angle, et de prendre l’angle « grille de lecture », et pas l’angle « fonctions et situations ».Avant de passer à la différence entre « moderne » et « modernité », prenons ce fameux argument chronologique, sur la dissymétrie temporelle. Je crois que c’est un argument un peu dangereux : voilà, il faudrait attendre, dans vint ans, voire trente ans ; après tout, laissons du temps au temps, et puis les femmes acquerraient petit à petit leurs droits. Ce n’est pas totalement faux, mais ce n’est pas totalement vrai non plus, parce qu’à ce moment-là, on est dans une espèce de darwinisme social. Or, il n’y a pas de darwinisme social ou politique. Il y a des situations données, un état d’une société à un moment donné, et on ne sait pas comment ils évoluent, parce qu’on ne connaît pas l’ensemble des facteurs qui vont les faire évoluer d’un côté ou d’un autre, les faire tomber d’un côté ou d’un autre. Le monde arabe semble être aujourd’hui sur une ligne de crête, il peut tomber là, ou là, et l’on n’en sait rien. De quel côté va-t-on tomber ? Si on acceptait l’argument chronologique, on saurait de quel côté il tombe puisqu’il implique une linéarité de l’évolution, or on ne le sait pas. Cet argument peut être une reprise, involontaire, de l’argument colonial : on en est là, et petit à petit on avance, et il y a tel stade, et puis tel stade, etc. Je crois que l’histoire ne s’écrit pas comme cela.La première chose que j’ai voulu déconstruire, c’est le couple tradition/modernité. Tout est moderne en fait aujourd’hui, et c’est justement ce qui est difficile. Ce serait tellement facile de dire que les islamistes sont dans la tradition, et les autres dans la modernité. Mais justement les islamistes ne sont pas de vieux turbans. Ils offrent, non de la modernité, mais du moderne. Ils offrent une espèce de société qui s’accommode d’un moderne : après tout, la révolution iranienne de 1979 s’est faite aussi par les cassettes audio.Aujourd’hui, les islamistes - et j’emploie ce terme par facilité, car il est polysémique - sont modernes : ils maîtrisent les technologies contemporaines. Mais être dans le moderne ne veut pas dire être dans la modernité, entendue comme modernité des Lumières, aménagée évidemment, au fur et à mesure de la distance prise avec l’époque des Lumières. Bien sûr, l’impasse de la postmodernité est que - parce que la modernité raisonnait en termes d’absolu, comme le progrès, qui est un absolu - elle a fait triompher le relatif. A ce moment-là, on a une équivalence absolue de tout, une équivalence absolue au nom du relatif. Et ce relativisme peut légitimer toutes les déclinaisons et fixations identitaires qu’on trouve aujourd’hui dans le monde arabe, et pas seulement dans le monde arabe.
Débat
Alice Cherki : Il y a quelque chose qui m’a beaucoup intéressée : le silence des corps. Quelque chose qu’il faut peut-être interroger, quand tu parles de ce dont les femmes sont le symptôme, dans ce monde arabo-musulman (je déteste ce tiret, mais enfin c’est comme ça). Parce qu’effectivement tout a changé, d’une certaine façon, grâce aux technologies, etc. Mais ce qui se joue là est quand même particulier, et je pourrais dire que c’est un symptôme de la non-remise en question du rapport hommes/femmes. Si les hommes mettent en question leur propre virilité et renoncent à faire que le corps de la femme soit leur appropriation ou leur objet, il y a quelque chose qui chute complètement, me semble-t-il, et je pense que cela fait partie des soubresauts de la modernité. Je partage ta question de savoir si cela va pouvoir changer, ou ne pas changer, et je te renvoie la question : qu’est-ce que tu penses de ça ? Parce que je crois que c’est un lieu central. Tout le reste, la femme au travail, et tout ça, ils s’en accommoderont très bien, y compris que la femme travaille pour eux, ce n’est pas un problème. Donc, je te pose cette question : comment tu penses que cela peut bouger, avec les soubresauts, etc.
Sophie Bessis : D’abord, il faut que je dise un mot du titre, qui est important : pourquoi j’ai dit « les Arabes », et non « les musulmans » ? Parce qu’il y a des gens qui m’ont demandé : « Que pensez-vous des femmes pakistanaises ? », etc. Le monde musulman est d’une grande diversité, et moi je connais le monde arabe. Donc, ça suffit, ce mot « musulman », avec son essentialisation. Je pense que, quand on parle des Arabes, on n’essentialise pas, parce qu’il y a un substrat méditerranéen qui est extrêmement important : relisons Germaine Tillion... Il y a un objet qu’on peut analyser. Je crois que, malgré la mondialisation d’un certain islam et des parentés importantes entre les pays du monde musulman, on ne peut pas essentialiser « l’islam et les femmes ». Par exemple, on ne parle jamais de l’islam noir. Or, au Mali et au Niger, ce n’est pas du tout la même chose.Maintenant, le silence des corps. Je pense qu’effectivement, c’est central. Avec des différences entre les pays : on ne peut pas comparer l’Arabie Saoudite et la Tunisie. Mais, partout, le lieu de résistance absolu, c’est le corps et c’est le sexe. Pas vraiment le corps d’ailleurs. Le corps, on peut à la rigueur négocier avec. Le voile est une affaire de corps, par exemple. À la limite, on peut prononcer le mot « corps » dans le débat public, mais prononcer le mot « sexe », c’est déjà beaucoup plus difficile. Il y a là un point tout à fait central. Maintenant est-ce que cela va changer ou pas ? Pas dans l’immédiat, c’est tout ce que je peux dire. Si l’on analyse les faits sociaux à l’oeuvre aujourd’hui, je ne crois pas que cela va bouger dans le temps court.
Une participante : Je ne vous connais pas, et je vous découvre ; je n’ai pas encore lu votre livre, j’espère le faire. Ma question est la suivante : pourquoi ce regard sur la femme « arabe ». Moi j’ai une autre vision du sens de la vie et de l’évolution du monde, et je me dis que justement l’histoire qui est en train de s’écrire et qui s’est écrite, c’est le mouvement des suffragettes concernant les femmes occidentales au XIXe siècle, que dans les sociétés arabo-musulmanes il y a un souci d’évolution, mais que l’histoire se construit parce qu’il faut une liberté de conscience, il faut que les femmes s’émancipent, il y a une image qui est très forte, parce que moi je suis d’une autre spiritualité : je suis bahaïe. Et l’on parle beaucoup d’égalité de droit entre les hommes et la femme, pour nous c’est évident qu’il y a un cheminement, qu’il y a quelque chose en marche. Nous avons une image : nous disons que pour que la civilisation puisse avancer, il faut à la fois l’aile masculine et l’aile féminine. Tant que les deux ne sont pas complémentaires, on ne peut pas avancer. Il y a vraiment une complémentarité entre les droits de l’homme et ceux de la femme, mais tant que la femme effectivement est encore dans l’ombre, là il y a du travail. Pour moi, c’est un regard universel sur la civilisation moderne, la civilisation qu’on souhaite construire, et qui puisse tenir compte de tous les droits des êtres humains.
Sophie Bessis : D’abord, je ne dis pas « la » femme, il faut refuser toute lecture essentialiste : il y a des femmes, dont les conditions peuvent être similaires, ou différentes. Comme je le disais tout à l_heure, les Tunisiennes et les Saoudiennes ne vivent pas le même quotidien. Alors, pourquoi des femmes arabes ? Parce que je crois qu’aujourd’hui le monde arabe - du fait, mais pas seulement, du retour du religieux - connaît des problèmes spécifiques, qu’il est intéressant d’essayer d’analyser.Maintenant, cette histoire de complémentarité. Il y a deux sexes, c’est évident, le monde est fait de deux sexes, lesquels sont complémentaires. Mais il faut faire très attention à l’idéologisation de l’idée de complémentarité, et là j’aurais dû te reprendre, Brigitte, parce qu’il n’y a jamais dans les discours des tenants de l’islam politique, ni dans celui des conservateurs, ou des oulémas, le terme « égalité dans la complémentarité ». Non, il y a la complémentarité qui remplace l’égalité, c’est bien cela la question. Donc, attention au contenu idéologique d’un certain nombre de termes. Le terme de « complémentarité » est saturé d’idéologie. Il ne suffit pas de dire : « Qu’est-ce que je mets, moi, dans “complémentarité“ ? », et c’est pourquoi la bataille autour du mot « égalité » est une bataille centrale. J’ai participé à presque toutes les conférences des Nations unies sur les femmes. Eh bien, c’étaient des batailles politiques au couteau entre ceux qui voulaient dans les textes normatifs le terme d’égalité, et ceux qui défendaient le terme d’équité.
Une participante : Les sociétés arabes sont d’abord et avant tout, selon moi, des sociétés confessionnalisées, et confessionnalisées par le haut, que ce soit pendant la période coloniale ou après l’indépendance. Quelle articulation fais-tu justement entre cette confessionnalisation des sociétés et ce que tu soulèves comme question sur le sexe ? Je rappelle que les sociétés confessionnalisées ne sont pas que musulmanes, elles peuvent être chrétiennes, ou juives. Est-ce que ce serait le propre des Arabes musulmans, ou bien ce que tu soulèves comme question par rapport au sexe - et je suis d’accord avec toi pour distinguer « corps » et « sexe » parce qu’en arabe jesm ne pose pas de problème alors que « sexe » en pose (il n’y a d’ailleurs pas de mot dans la langue classique pour le nommer) - est-il lié à la confessionnalisation des sociétés, en deçà, au-delà, et dans le religieux ?
Sophie Bessis : C’est une question très intéressante. Quand tu dis « confessionnalisées par le haut », c’est vrai aujourd’hui. Cela aurait pu ne pas l’être autant si les dirigeants de ces pays n’avaient pas fait de l’islam une source de légitimation politique. Par ailleurs, reprenons Germaine Tillion, qui fait l’anthropologie des sociétés méditerranéennes bien avant l’islam. Effectivement, entre les populations chrétiennes, musulmanes, juives, il y a un corpus commun, mais aujourd’hui ce corpus commun entre les deux rives de la Méditerranée n’existe plus. Pourquoi ? C’est cela la question qu’il faut se poser. Il y a quarante ou cinquante ans, les femmes du Maghreb, ou andalouses, ou siciliennes, ou corses, n’avaient pas un statut très différent. Je me souviens quand j’étais gosse à Tunis, la petite Sicilienne n’était pas beaucoup plus libre que la petite musulmane du coin. Ce corpus méditerranéen existait, il y a une parenté des monothéismes vis-à-vis de la question du féminin et du masculin. Maintenant, au Machreq, il y a des populations chrétiennes : en Egypte, les coptes représentent officiellement 10 % de la population, probablement au moins 15 % ; au Liban, 40 %, etc. Mais l’islam est aujourd’hui religion dominante, et il fonctionne comme idéologie. Je ne parle pas que des islamistes. L’islam fonctionne comme un corpus idéologique depuis la naissance des mouvements nationalistes. Cette idéologie impose la confessionnalisation, et c’est une confessionnalisation par l’islam, qu’on le veuille ou non.
Une participante : Vous parlez de postmodernité, avec un essentialisme postmoderne qui aurait été développé par l’Occident. En fait, la voie est assez étroite entre une universalité abstraite et des identités essentialistes, et ces identités essentialistes, d’où viennent-elles ? Elles ont parfois été développées aussi dans des mouvements contestataires, par exemple aux Etats-Unis avec l’afrocentrisme complètement idéalisé. Tous les jours, il y a de nouvelles identités qui surgissent. Il faudrait creuser un peu cette histoire d’essentialisme et d’universalité abstraite.
Sophie Bessis : L’identité est un construit politique, il n’y a pas d’identité à l’état pur, dans la nature. On peut ainsi inventer l’afrocentrisme aux Etats-Unis, qui est en effet une construction identitaire, qui peut devenir délirante, et on voit bien à quel point c’est une construction quand on étudie certains idéologues de l’afrocentrisme aux Etats-Unis. Je ne dirais pas qu’il y a des identités essentialistes, je dirais qu’il y a une lecture essentialiste de ces construits politiques qui s’appellent les identités. Qu’est-ce que j’entends par une lecture essentialiste ? Certains chercheurs occidentaux vont vous dire que l’excision c’est formidable, parce que c’est un marquage culturel, un marquage identitaire. Les mêmes ou d’autres demandent au nom de quoi on doit se battre contre la polygamie. Il y a donc des gens qui essentialisent les cultures pour en sortir des identités. Je crois que, derrière cela, il y a quelque chose de pervers : une fois que la geste occidentale a détruit l’ensemble des diversités planétaires, on dit au nord du monde que ce ne serait pas bien de continuer à détruire, et qu’il faut garder chez les autres de « l’authenticité ». C’est cela qui est très pervers, à mon avis.
Une participante : Tout à l’heure, vous avez parlé de la révolution iranienne qui avait utilisé des cassettes audio, et justement la campagne « 20 ans barakat » est basée sur une chanson, sur un outil audio. Est-ce que dans les autres pays arabes il y a eu d’autres mouvements de femmes et d’autres expériences comme la campagne « 20 ans barakat » ?
Nadia Chaabane : Il y a une campagne qui a été nettement plus poussée que « 20 ans barakat », qui a été menée par une Marocaine qui a démarré à Bruxelles.
Rebeha Chougui : Vous parliez des mots qui sont inaudibles dans les sociétés arabes : est-ce en raison du sous-développement, de l’absence de réformisme, ou d’autre chose ?
Sophie Bessis : La question du sous-développement est une vraie question. Là encore, on est dans le chronologisme : la libération des femmes doit-elle être une conséquence du développement, ou en est-elle la condition ? D’abord, il y a plusieurs formes de sous-développement. En Tunisie, la société s’est enrichie. Elle est devenue une société de classes moyennes. Où est le sous-développement ? Il existe, mais il faut voir où il est, et comment il agit sur la situation des femmes : est-ce un sous-développement culturel, d’éducation... ?Si on prend l’éducation : il y a un certain nombre de pays qui font fait un effort majeur dans ce domaine, et dont les populations sont massivement scolarisées, comme en Irak, en Syrie, en Tunisie, en Algérie. Mais quelle scolarisation ? Quels sont ses contenus ?Je ne fais pas dans ce livre l’inventaire des maux du monde arabe, je n’étudie que ce qui se rapporte à la relation féminin/masculin, à la situation des femmes. Cela dit, tous les chercheurs s’accordent pour dire que la condition des femmes est un obstacle majeur à la question du développement.
Nadia Chaabane : Ma question tournerait autour des régimes politiques dans le monde arabe aujourd’hui, qui sont le premier frein, étant donné l’absence d’espaces potentiels d’expression et de liberté pour les femmes, ne serait-ce que pour pouvoir en débattre avec d’autres, mobiliser, s’organiser, se faire entendre, dans le brouhaha du discours islamiste qui est diffusé aujourd’hui dans tous les foyers par les chaînes satellitaires. Cet obstacle-là me semble premier dans la démocratisation de ces sociétés, et la liberté réelle des femmes. Pour l’éducation des filles, il y a eu beaucoup de chemin de fait, et je ne pense pas que ce soit le frein essentiel, même s’il y a encore des problèmes, au Maroc par exemple où il y a encore beaucoup à faire. Le problème tourne autour de la démocratie dans ces pays, des libertés, et des atteintes quotidiennes aux droits de l’homme. Les femmes ne peuvent ni convaincre, ni répondre aux attaques qui leur sont faites au quotidien, alors qu’elles sont au centre des enjeux et des batailles qui se mènent autant par le pouvoir que par l’islam politique. Quand on a vu par exemple la bataille autour du voile qui a été orchestrée l’année dernière en Tunisie et quand on voit que Ben Ali répond à la question en disant aux femmes : « Dévoilez-vous, enlevez ce voile politique, et remettez le haïk », on est réellement, là, au centre de la problématique.
Sophie Bessis : Comme je l’ai dit, les pouvoirs ont compensé leur déficit politique en recourant à la légitimation par le religieux. Confessionnalisation par le haut donc. Ces régimes ont interdit toute expression libre. La seule chose qu’ils n’ont pas pu faire, c’est fermer les mosquées. Donc, au bout de vingt ou trente ans de ces régimes, le référent islamique est devenu le seul référent des populations. Il n’y a plus de référent concurrentiel. Alors, effectivement, une éventuelle démocratisation peut avoir des résultats différents : une ouverture du débat, une discussion sur les enjeux de société, qui de toutes façons est indispensable, mais également une implantation de l’islam politique dans le champ politique beaucoup plus importante. Mais je crois que cette implantation de l’islam politique, qui est un danger, est un risque qui est à prendre. On ne peut pas indéfiniment défendre les régimes autoritaires qui clôturent totalement le champ politique, il y a des risques qu’il faut prendre.
Une participante : Considérez-vous que la baisse de fécondité des femmes est un facteur essentiel et indispensable à la progression de leur statut, et est-ce que vous partagez l’optimisme d’Emmanuel Todd qui pense que, quand la baisse de fécondité est universelle et inévitable, l’avancée des femmes se continuera, inévitablement.
Sophie Bessis : Je ne partage pas le déterminisme absolu de Todd, mais évidemment la baisse de fécondité est un facteur fondamental : entre une femme qui a dix enfants, et une femme qui en a deux, ce sont deux univers totalement différents. Ce qui est intéressant, c’est que, dans un certain nombre de pays arabes - et le monde arabe aujourd’hui est très divers sur ce point -, l’indice de fécondité a considérablement baissé, alors que dans d’autres il reste très élevé : en Tunisie, la famille majoritaire est la famille conjugale avec deux enfants ; en revanche, en Palestine, ou en Arabie Saoudite, en Algérie un peu moins, les indices de fécondité sont élevés. On peut expliquer ces variations par l’histoire des pays. Ce n’est pas un hasard. S’agissant de la Palestine, c’est un peu une fécondité de guerre, une fécondité de revanche, il y a une guerre démographique entre Israël et la Palestine, mais c’est aussi dû au traditionalisme de la société palestinienne, c’est les deux. Oui, c’est un élément d’évolution incontestable : les femmes ne regardent pas le monde de la même façon quand elles ont dix gosses, ou quand elles en ont deux ; et quand on ne regarde pas le monde de la même façon, on ne s’insère pas dans le monde de la même façon.
Saïda Rahal-Sidhoum : Je ne jette pas le même regard que Sophie et que Nadia sur l’éducation : je parle du Maghreb, et de l’Algérie en particulier. Formellement, on peut s’organiser, mais où est la matière grise pour s’organiser ? Nous avons affaire à des systèmes d’éducation (et je viens de milieu populaire, et pour moi l’éducation c’était tout) effrayants, les lieux de nivellement par le bas, les lieux de destruction neuronale, ce n’est pas dans les mosquées, c’est dans les écoles. Il ne suffit pas qu’il y ait des espaces pour s’organiser, encore faut-il que dans ces espaces il y ait la matière pour s’exprimer, et ça, c’est désespérant. Quand on voit les dégâts faits par les systèmes scolaires dans nos pays... ! Moi, je l’ai vu depuis le primaire en Algérie. L’année passée, j’étais à l’Université de Sfax, et je pensais qu’en Tunisie il y avait encore un peu d’espoir. Je suis restée atterrée. J’ai emmené ma petite-nièce voir une grotte en Algérie récemment, où il y a soi-disant eu des dinosaures : tous les enfants de 5 ans adorent les histoires abracadabrantes, sur la magie, etc. Agée de cinq ans, l’enfant, brillante, vive, me répond : « Ça ne va pas, tu racontes n’importe quoi, c’est Dieu qui a créé toutes ces choses et ça n’existe pas, ce n’est pas une création de Dieu. » Et justement, cette vision « occidentale » selon laquelle il suffit qu’il y ait des États de liberté, cette vision un peu mécanique du progrès, et bien moi j’en suis arrivée à la conclusion que parfois il vaut mieux ne pas être scolarisé, parce que moi j’ai été élevée par des paysans analphabètes, et je vous assure qu’il y avait plus de bon sens chez les paysans analphabètes que chez les jeunes d’aujourd’hui.
Sophie Bessis : C’est vrai que l’éducation dans les pays arabes est catastrophique, ce qui est dû en partie à un phénomène, non pas de démocratisation, mais de massification. Tu sais bien que l’on dit qu’en Algérie l’école forme des analphabètes bilingues ! Je suis d’accord avec toi. On enseigne des vérités révélées, tout est enseigné comme vérité révélée.
Lalia Ducos : Je suis d’accord avec vous, mais il est très important de déconstruire le mythe d’un monde mécanique, unique et homogène. Il faut démystifier les origines de ces lois et de ces coutumes qui enferment les femmes : ces lois prennent inévitablement la forme dictée par ceux qui sont au pouvoir. Faire croire ou laisser penser que des lois sont divines, donc immuables, contribue à légitimer les dictatures et à maintenir les structures patriarcales pour exercer le contrôle sur les femmes et sur leurs droits. Chaque fois que nous acceptons le terme de loi musulmane, ou de charia, sans le contester, nous cédons aux extrémistes et faisons la promotion de leur lecture de la religion et de leur programme politique. Car c’est bien un programme politique d’extrême droite, mécanique, que de faire croire au monde et à nous que le monde musulman est homogène.
Une participante : Pour revenir un peu à la discussion de départ avec Alice, j’aimerais savoir à partir de quand, ou plutôt de quoi, les mouvements féministes maghrébins, ou plus généralement du monde arabo-musulman, se sont emparés des questions de sexualité ?
Sophie Bessis : Des campagnes contre le viol, il y en a ; les campagnes pour l’avortement et pour la contraception, il y en a aussi. Il y a des batailles contre les crimes d’honneur, contre le viol et les violences. Des mouvements féministes ou simplement féminins en ont souvent fait des priorités. Mais on ne parle pas de la sexualité, du plaisir. On parle de plus en plus des violences domestiques, mais ce dont on ne parle pas, c’est de la sexualité. En Tunisie, dans les campagnes contre le sida, j’ai remarqué que, sur les affiches, aucun slogan n’évoque la sexualité.
Sonia Hamza : Je reviens sur le thème de la sexualité. Généralement les femmes, quand elles sont militantes, dans les associations, ou au gouvernement, évitent aussi d’en parler parce qu’elles ont envie de rassembler le plus grand nombre de femmes autour d’elles. Je me pose la question : il ne faut pas attendre que ce soit toujours les hommes, les législateurs, qui nous donnent le droit à l’héritage, ou le droit à la sexualité. J’estime que c’est quand on arrive à être militante reconnue ou femme de pouvoir que l’on doit le revendiquer. En Occident, cela a été obtenu, car des femmes y ont mis le prix en assumant entièrement leurs positions par rapport à leur corps ou à leur sexualité, ce qui jusqu’ici n’existe pas dans les mouvements arabes et musulmans.
Alice Cherki : Le problème est qu’on n’en parle pas alors que ça agit sur tout. Par exemple, les femmes dans les consultations ne parlent que de ça, entre elles, elles ne parlent que de ça, sur un mode souvent très crapuleux. Cela obsède tout le monde, les hommes et les femmes. Cela insiste de façon permanente.
Nadia El Fani : Je voudrais apporter un petit témoignage, et rebondir sur la question. J’ai réalisé un film dont l’héroïne jouait un rôle d’une femme bisexuelle, qui avait donc une relation avec une femme. Or, au Maroc, en Algérie, après la projection du film, on ne m’a jamais posé des questions sur cette relation. En revanche, aux Etats-Unis, en Allemagne, dans tous les autres pays, c’était la première question qu’on me posait. En Tunisie, et j’étais très surpris, la question était : « Comment tu oses montrer des femmes qui boivent ? » A Nouri Bouzid, réalisateur de films où il traite de l’homosexualité masculine, montrant des hommes alcooliques, etc., ce sont des questions qu’on n’a jamais posées. Or, à moi, on m’a reproché de montrer des femmes qui boivent. C’est complètement hypocrite, parce que, dans nos sociétés, on sait très bien qu’on vit comme ça, il y a une partie de la population qui vit comme ça. Ce ne sont pas forcément les bourgeois, les élites. Dans des milieux beaucoup moins huppés, il y a une liberté de moeurs, c’est cela qui est très paradoxal. Je ne pense pas que les femmes ne vivent pas une sexualité libre, dans les pays du Maghreb, mais c’est caché, ce n’est pas dit. En Tunisie, c’est extraordinaire le nombre de relations adultérines qu’il y a au niveau des femmes, et pas seulement des hommes.
Une participante : Je vais revenir aux mouvements féministes dans le monde arabe. Cela m’intéresse de savoir pourquoi les mouvements féministes dans le monde arabe sont quelque part un peu « empêchés ». Vous avez parlé des lieux où l’on peut s’exprimer, qui sont les mosquées par exemple aujourd’hui, qu’on ne peut pas fermer. En Tunisie, par exemple, les femmes ne peuvent pas s’exprimer, ne peuvent pas donner une réunion pour parler à d’autres femmes. Au Maroc, elles ont trouvé le moyen des caravanes, qui est un moyen très efficace pour parler aux femmes. En Algérie, la relation des mouvements féministes a été plutôt dirigée vers le pouvoir, donc elles n’ont pas été vraiment liées avec les femmes, elles parlaient au nom des femmes, sans réellement connaître leurs problèmes. Ce problème d’absence de lien entre les mouvements féministes et les femmes n’est-il pas un problème important, dans l’avancement des questions féministes dans le monde arabe ?
Sophie Bessis : Pour répondre à cette question, il faut écouter aussi les militantes féministes présentes ce soir, qui se posent cette question et qui savent qu’elle est centrale. Pourquoi leur audience est-elle étroite ? Répondre vraiment à cette question est difficile, nous n’avons pas toutes les clés, mais je crois effectivement que c’est une question essentielle. Maintenant sur la question de la sexualité : le constat qu’il faut faire, c’est que dans tous les comportements, les relations sociales, les relations de genre, il y a une obsession du sexe : c’est peut-être une, et même la seule, spécificité du Maghreb. Cette obsession n’est pas le fait de l’islam en lui-même. Je connais le Sahel, le Sénégal, le Cameroun, le Mali, et ce n’est pas du tout la même obsession. Bien sûr, le contrôle des femmes existe partout, mais on ne trouve pas la même obsession sur les questions de sexe. Si cette question est très rarement abordée par les militantes associatives ou par les femmes de pouvoir, c’est parce que je crois qu’elle représente la transgression absolue. Elles doivent avoir une parole publique audible, et la question à se poser est comment, aujourd’hui, rendre ce questionnement audible dans la société. Nadia disait, par ailleurs, que beaucoup de femmes vivent librement leur sexualité. La question n’est pas là. L’existence même de la notion d’adultère ne fait pas partie de la solution, mais fait partie du problème. Même dans le pays le plus avancé qu’est la Tunisie l’adultère est sanctionné par la loi. L’adultère existe partout dans le monde, il y a des hommes qui ont des maîtresses et aussi des femmes qui ont des amants, mais que, dans la plupart des sociétés, l’adultère masculin ne soit pas sanctionné et qu’il n’y ait d’adultère que féminin, c’est cela le problème. Tout existe dans les sociétés arabes, l’adultère, l’homosexualité. Ce sont des sociétés humaines banales, comme les autres. C’est la façon dont ces problèmes sont traités, symboliquement, socialement, politiquement, idéologiquement, qui est important.
Sana Ben Achour : Je voulais rebondir sur l’observation de Nadia, et sur ta réponse, Sophie, où nous nous rejoignons. C’est vrai que les pratiques sexuelles différentes, multiples, ont toujours existé, existent, et qu’aujourd’hui on est appelé à se demander pourquoi ce qui existe n’est pas nommé : c’est cela le problème. Il y a des stratégies individuelles, et la quête de liberté a toujours existé, la quête d’émancipation de la famille, du modèle imposé, que ce soit le modèle étatique, conjugal, etc., et une prise en charge de type tolérant existe également, avec tous les subterfuges. C’est quand même dans nos pays qu’on a inventé « l’enfant endormi pendant 4 ans » (rires). Il y a eu des milliers de choses qui ont été inventées pour prendre en charge, de manière tolérante, pour que la société tolère ces pratiques qui, effectivement, du point de vue du dogme, de la morale sociale, sont déviantes, mais avec lesquelles la société compose.Maintenant, notre problème est : pourquoi ces choses-là ne sont-elles jamais nommées ? Il n’y a pas de mots, il y a des choses qui se pratiquent, et il y a des mots pour autre chose. Je prends un autre exemple : j’ai une amie qui a fait un petit sondage, qui a posé des questions très simples et très pratiques à des hommes et à des femmes : « Est-ce que vous aimez vos enfants ? - Oui nous aimons nos enfants - Les aimez-vous de la même manière ? - Oui, nous les aimons de la même manière - Qu’est-ce que vous faites pour leur montrer que vous les aimez de la même manière ? » Et donc elle a pris la mesure de cette égalité dans le traitement conséquent à l’amour égal donné aux enfants : les mêmes soins donnés aux filles et aux garçons, la même éducation. Et quand elle a posé la question : « Mais alors, si vous avez ce comportement égalitaire, est-ce que vous voulez qu’on change la loi, pour qu’elle devienne égalitaire ? » Eh bien, la réponse a été : « Non. » C’est pour dire qu’il y a une gestion de la société, la société invente des gestions et des prises en charge, mais cela n’est pas dit, cela ne vient pas à la conscience politique et sociale.
Brigitte Allal : Nous sommes obligés de rendre la salle. Merci pour vos interventions.
Vendredi 12 octobre 2007
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